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Multitudes, Compasión, Misión

“Y cuando vio las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a El. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:” (Mt.5:1-2) LBLA

En medio de toda su carrera sobre la tierra Jesús veía las multitudes y no era indiferente frente a ellas. El las veía como ovejas sin pastor, personas necesitadas, gente sin dirección (Mt.9:36). Tanto en Mt.5:1-2 como en Mt.9:36 el vió las multitudes y fue movido a compasión, y además sabía que él solo, en su humanidad, nunca iba a poder alcanzar a todas las personas. El entendió la necesidad de apartarse para estar a solas con sus discípulos (Mt.5:1-2) y de prepararlos para hacer de ellos pescadores de hombres (Mt.4:19), discípulos que van a servir a las multitudes.


De los versículos arriba mencionados podemos aprender las siguientes lecciones, si es que nos interesa alcanzar a las multitudes:

[1]. Ver las multitudes con los ojos de Dios, entender sus verdaderas necesidades y dejarnos mover por ellas y por el Espíritu Santo lleva a tener una verdadera preocupación por la gente y por la misión de Dios (Mt.9:36 / Mt.15:32 / Is.63:9). A veces podemos caer en la tentación de ver la gente, pero no ver su verdadera necesidad y las oportunidades y responsabilidad cristiana para con ella (a veces vemos a la gente como un estorbo, algo que nos incomoda, algo de lo cual puedo sacar provecho personal, etc.) ¿Qué veo cuando veo la gente a mi alrededor? (Jn.4:34-38).

[2]. Jesús vio la gente y se sentó a enseñar a sus discípulos. Reconocer que uno solo no puede hacer todo el trabajo de servir a las multitudes. El DISCIPULADO, la formación de servidores, el orar por obreros, el liberar obreros para la cosecha ayudará a cumplir con la tarea encomendada. La misión es alcanzar a las personas, pero la manera divina para cumplirla es haciendo discípulos que hacen discípulos, es invirtiendo en un grupo pequeño de personas que va a ayudar en el ministerio (Mt.28:18-20 / 2Tim.2:2 / Ef.4:10-16).

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