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martes, 8 de enero de 2019

No hay ley que sirva


“¿No se dan cuenta de que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. Éstas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos” (Mt.15:17-20) NTV
Hoy día se escucha de la mucha corrupción que se vive en todos los niveles de la sociedad; igualmente la inmoralidad, los abusos, la violencia, la mentira y el engaño son pan de cada día. No importa el nivel de educación que tenga la gente o de qué grupo social venga; todos, de una u otra manera, no pasamos el examen. Algunos proponen como solución que se hagan leyes aun más fuertes. La realidad es que ninguna ley, no importando cuan buena sea, va a ser suficiente para resolver este problema que tenemos los humanos - tanto a nivel personal como a nivel de toda la sociedad.
El apóstol Pablo dice de sí mismo y en relación con el cumplimento de las leyes divinas: "Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual. Pero yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado . . . Ahora bien,  si hago lo que no quiero,  estoy de acuerdo en que la ley es buena; . . . Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo" (Rom.7:14.16.18) NVI
El problema de los humanos no radica en las leyes. El desorden que creamos tampoco radica necesariamente en los factores exteriores que nos rodean. La Biblia nos dice claramente que la fuente de todos los males radica en un corazón dañado, corrompido y esclavo del pecado. 
Un árbol malo no puede producir buenos frutos (Mt.7:16-20 / Mt.12:34). Si el árbol es bueno va a producir buenos frutos (Mt.12:33 / Lc.6:43-44). La Palabra de Dios hace entender claramente que los frutos que una persona produce en su vida, dependen de las raíces - 'del corazón mana la vida' (Rom.11:16 / Stg.1:14-15 / Stg.3:12 / Prov.4:23). Del estado del corazón depende todo (Tit.1:15). Isaías nos dice además que el corazón del humano es por naturaleza extremadamente engañoso y perverso - ahí encontramos la raíz del problema (Is.17:9).
Jesús enseña diciendo que la raíz o fuente de nuestra vida es el corazón. Del corazón es que salen las diferentes cosas que se manifiestan en la vida (Mt.15:17-20 / Mt.12:34). Dios le dio al hombre el potencial para dar buenos frutos en su vida, pero en algún momento dado, algo pasó y los frutos que el hombre produce ahora son malos (Is.5:2-4 / Jer.2:21). 
El escritor de Hebreos nos hace un llamado serio cuando nos dice que hay gran peligro si dejamos de recibir la gracia de Dios - esto nos expone a que lo malo en el corazón brote libremente y nos termine dañando la vida (Hebr.12:15). Cuando una persona insiste en rechazar la gracia y la obra de Dios en su vida, llega el momento cuando Dios los deja a la deriva para que hagan lo que su corazón rebelde les dicte. Sin embargo, el final es desastroso (Rom.1:24 / Ef.4:18 / Hebr.3:8.10.12.15). 
El corazón debe experimentar un cambio radical, se tiene que convertir (1Pe.1:23 / Ef.4:23-24 / Col.3:9-10). Solamente con la intervención de Dios es que una fuente amarga puede ser cambiada en una fuente de agua dulce (Ex.15:22-25 / 2Re.2:19-22). La solución no se da al tratar de arreglar comportamientos externos con más leyes (tampoco nos ayudan más leyes religiosas - lea Mt.15:1-20); y tratar de usar nuestras propias fuerzas para cumplir las leyes o las expectativas tampoco lleva al éxito. Tampoco hay solución al meramente cumplir algunos rituales religiosos y seguir teniendo en el corazón intenciones malas, pensamientos inmundos - el secreto está en un corazón cambiado por el poder de Dios (Rom.2:29). Con un corazón cambiado queremos y podemos obedecer los mandamientos de Dios (Rom.5:5 / Rom.6:17). 
Dios purifica nuestro corazón por medio de la sangre de Cristo (Hebr.10:22) y pone sus leyes en nuestro corazón; eso hace la diferencia (Hebr.8:10). Cuando aceptamos humildemente la Palabra de Dios, que es sembrada en nuestros corazones, veremos la salvación de nuestras almas (Stg.1:21). Si Cristo habita en nuestros corazones, entonces ahora desde allí pueden brotar el amor y la vida de Cristo (Ef.3:17 / 1Tim.1:5). Podemos vivir una vida diferente porque Él da el querer como el hacer - Él es ahora el motor que nos impulsa a hacer lo que a Dios le agrada (Filp.2:12-13 / Hebr.13:21). 
ASÍ QUE: Primeramente debemos someter a Dios nuestras vidas para ser salvos y ser nuevas criaturas creados en Cristo para buenas obras (Ef.2:1-10 / 2Cor.5:17). No endurezcamos el corazón cuando Dios nos quiere hablar o tratar con nosotros para traer cambios de corazón (Hebr.4:7). Alejémonos de todo lo que pueda ocupar el lugar de Dios en nuestros corazones (1Jn.5:21). Cuidemos que nuestra lealtad no esté dividida entre Dios y el mundo (Stg.4:8). El escritor de Proverbios nos hace el llamado: "Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida" (Prov.4:23) NTV - (Prov.23:19).
"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna" (Sal.139:23-24).

sábado, 12 de mayo de 2018

Un grave error - la falsa confianza


"Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. "Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que  gano." Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no  quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, ten piedad de mí, pecador." Os digo que éste descendió a su casa justificado pero aquél no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado" (Lc.18:10-14) LBLA

De esta parábola podemos aprender:

  • Tanto el fariseo como el recaudador de impuestos buscaban acercarse a Dios y ser aceptados por ÉL. Podemos decir que su búsqueda de Dios era honesta - cómo lo es en el caso de la mayoría de la gente hoy día.
  • El fariseo confiaba que su religiosidad, sus diezmos y ofrendas, sus buenas obras, el ir al templo, el orar, el ayuno, el tratar de vivir una vida moralmente recta, etc., eran suficientes para su salvación (Mt.3:7-10 / Gal.3:10).
  • El fariseo confiaba en sí mismo, se comparaba con otros y pensaba que con ese comportamiento estaba por encima del resto de la gente. El fariseo no pide nada, el solo muestra lo aparentemente bueno que es. No se ve a sí mismo cómo Dios lo ve y no ve el orgullo que lo está eliminando. Su oración es larga y parece que trata de convencer a Dios para que lo acepte basado en su obras.
  • El recaudador de impuestos no tenía mucho que ofrecer. Lo único que tenía era su bancarrota espiritual. Tenía todo una lista de cosas que lo dejaban mal parado. No se atrevía a acercarse, la vergüenza lo tenía cautivo, la culpa lo condenaba.
  • El recaudador de impuestos, no quedándole nada que ofrecer, no mirando a nadie con quien compararse, confió en la misericordia y en el perdón de Dios. Su oración es corta y al punto. Éste sale justificado, perdonado, aceptado.
  • Aquel que se auto-justificó salió vacío y el que se auto-condenó salió siendo aceptado, perdonado

Hoy día mucha gente va a sentarse en un edificio llamado iglesia asumiendo que por su membresía a una iglesia, por haberse bautizado, por dar diezmos y ofrendas, por sus ayunos y oraciones, por tratar de vivir relativamente bien van al cielo o que por estas acciones pueden impresionar a Dios para que sus oraciones sean contestadas. No es que estas personas no estén buscando sinceramente a Dios, pero la verdad es que no entienden de qué trata la verdadera relación con Dios. Muchos piensan que lo que ellos hacen es lo que importa para ser gente aceptada por Dios - asistir todas las semanas a culto, leer la Biblia regularmente, dar el diezmo, tratar de ser gente decente.

La realidad es que la salvación no es el producto de buenas acciones. Somos pecadores desde nuestro nacimiento y no estamos 'programados' para hacer cosas buenas que nos hagan aceptos delante de Dios. Y ningún esfuerzo humano es suficiente para impresionar a Dios, solamente nuestra confianza (fe) en Él (Rom.3:22-26 / Rom.11:32 / Ecl.7:20 / Gal.3:22 / 1Jn.1:8-10).

Es cuando reconocemos que somos pecadores y que necesitamos de la misericordia de Dios, y cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y cuando creemos que Cristo cuadró nuestra cuenta que teníamos pendiente, es cuando nacemos a una nueva vida sembrada en Cristo (2Cor.5:17 / Ef.2:1-10 / Mr.16:16 / Jn.3:14-18 / Jn.5:24 / Jn.6:27-29,35,40 / Hch.13:39 / Hch.15:7-9 / Rom.4:5,16 / Rom.10:9-10 / Gal.3:22).
Desde el momento que confiamos en Cristo el Espíritu Santo habita en nosotros. Es ese Espíritu Santo que llega a ser el motor en nosotros que nos motiva, nos empodera y nos lleva a hacer cosas que a Dios sí le agradan (Gal.3:14 / Jn.7:37-39 / Hch.2:38 / Hch.10:45-47 / Jud.1:19-20 / Tit.2:11-14 / Ef.2:10).

GRACIAS A DIOS podemos tener una relación íntima con Dios basada en Cristo y no en nuestras obras. Esta relación es posible cuando admitimos que somos pecadores, declaramos nuestra propia bancarrota y cuando confiamos en Cristo nuestro redentor. La nueva vida se verá reflejada luego en nuestros hechos.
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