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martes, 26 de octubre de 2021

cálculos equivocados (Lc.16:19-31)

Cálculos equivocados (Lc.16:19-31). ¿Cuál fue el verdadero problema de este hombre rico? La parábola del hombre rico y de Lázaro aparece luego de Lc.16:9-17. Allí se describen a los fariseos como gente que amaba mucho su dinero, que les importaba mucho impresionar a la gente, que poco les interesaba lo que valora Dios. Ellos pensaban que la riqueza era una señal de bendición de Dios y la pobreza un castigo - una teología que les convenía.

Jesús nos enseña que las cosas materiales dadas por Dios son para administrarlas según las expectativas de Dios. Debemos ser responsables y fieles con lo poco. La manera cómo manejamos lo poco nos ayuda a ser fieles con lo mucho (Lc.16:10). No olvidemos que tendremos que rendir cuentas a Dios (Rom.14:12). Apariencias no convencen a Dios, Él conoce el corazón. Lo que la gente alaba puede ser detestable a Dios (Lc.16:15). No confiemos en las riquezas, seamos ricos en buenas acciones (1Tim.6:17-19). Hay que hacer bien los cálculos.

¿En qué se equivocó el hombre rico? Notamos que el hombre solo invirtió en su vida personal, en lo material, en lo pasajero, en la satisfacción personal y no en la eternidad. Precisamente fueron esas cosas las que lo cegaron - no veía que también el tenía que morir (Lc.12:20 / Sal.73:18-20 / Sal.49:6-12,16-19 / Stg.5:1-6 / 1Tim.6:9-10). Esta vida no es el todo de nuestra existencia -hay más. Los tesoros terrenales son pasajeros, vulnerables y para nada seguros. Además, donde está nuestro tesoro revela lo que hay en nuestro corazón y si Dios nos importa o no (Mt.6:19-24). Hagamos bien nuestros cálculos.

El hombre rico también se equivocó al no considerar al prójimo (Lc.16:21). Lo único que él aportaba a la vida del pobre Lázaro eran las sobras de su mesa. El rico no fue acusado por ser rico, sino por lo que no hizo. El prójimo y sus necesidades no eran parte de sus consideraciones, aun teniéndolo a la vista. Recordemos lo que nos dice Jesús acerca de lo que importa en la vida: "Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es igualmente importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mr.12:30-32) NTV. El joven rico mencionado en Lc.12:13-21 tampoco hizo bien sus cálculos - quiso asegurar su futuro terrenal sin ser rico en su relación con Dios. Gracias a Dios por buenos ejemplos como el del buen samaritano (Lc.10:25-37). 

'Padre eterno, ayúdame a hacer bien los cálculos, a ponerte siempre en primer lugar, a considerar la eternidad para así tomar las mejores decisiones. Señor, quiero ser sensible a las necesidades del prójimo y actuar de tal manera que te honre a Ti. Deseo ser alguien quien invierte en el lugar correcto y que hace tesoros en el cielo al mostrar verdadero amor al prójimo. Que no tengas que usar circunstancias difíciles para enseñarme lo que importa, sino que sea la Palabra de Dios la que me enseñe a vivir'.

ASIMILANDO

no dude en leer los contextos de los textos

[1] LEA las citas arriba anotadas. ¿Qué dicen estos textos? ¿Qué significan estos pasajes para nosotros hoy día? ¿Qué lecciones aprendemos de ellos? ¿Hay algo de lo cuál deba arrepentirse? ¿Hay algo que deba cambiar en su vida, alguna actitud, alguna costumbre? ¿Qué pasos debe tomar para cumplir con el mandato de Cristo? 

[2] Use este estudio para reflexionar y dialogar al respecto con otra persona, con la familia o un grupo pequeño. ¿Con quién y cuándo quiere compartir lo aprendido?

[3] ORE(n) a Dios Padre en el cielo usando estos versículos.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Si no fuera por Jesús, ningún pecador tendría esperanza (Lc.18:9-14)


Si no fuera por Jesús, los pecadores no tendrían cómo rehacer su vida. En esta historia leemos de dos hombres que van al templo -al mismo templo- a orar. Sin embargo, salen de allí con diferentes resultados. ¿Cómo así? ¿No es que la oración siempre mueve la mano de Dios? (lea Lc.18:9-14). Del fariseo, de un hombre religioso y un maestro de la ley, esperamos que vaya al templo a orar, que sepa cómo acercarse a Dios, que tenga una buena conexión con Dios y que nos instruya cómo conectarnos debidamente con Dios. Pero, orar consigo mismo, 'bañarse' en su ego mientras se acerca a Dios, el creerse mejor que todo el mundo y el deseo insaciable de impresionar a la gente con sus 'credenciales', con su aparente espiritualidad y elocuencia, lo llevó a segregarse de los que aparentemente no daban con su talla y a generar un ruido extraño que impedía que la oración llegara a los oídos de Dios (Lc.7:39 / Lc.15:2 / Lc.15:30 / (Lc.19:7 / Mt.6:5). Me parece tremendo que alguien se acerque a Dios y trate de convencer a Dios de la maldad del otro para así pasar la prueba personalmente. ¿Por qué se acerca el fariseo a orar atacando al pecador, haciéndolo sentir peor de lo que ya está, enviando mensajes subliminales discriminatorios y partidistas? ¿No conoce el fariseo las condiciones y las maneras correctas para acercarse a Dios? ¿Es que nos ganamos algún puesto especial por ciertos esfuerzos religiosos o por posiciones, títulos y credenciales? ¿Quién nos da el permiso para despreciar al que metió la pata?

El publicano, el recolector de impuestos, el ladrón, el estafador, el traicionero, hombre tenido en baja estima y evitado por la gente, consciente de sus malas decisiones y malos procederes recurre a la única dirección donde podría haber alguna esperanza y para encontrar ayuda. ¿Sí será escuchado? ¿O será que Dios también lo hace sentir persona de segunda clase, persona no grata? El paquete que este hombre tiene que ofrecer no impresiona a nadie. De hecho, él mismo no podía con esa carga. Avergonzado y totalmente arrepentido no se atreve a levantar la mirada al cielo. ¿Y será que a esa distancia física, moral y espiritual Dios sí lo escucha? ¿Y qué de esa oración nada impresionante? - "Oh, Dios, ten compasión de mí, porque soy el pecador". Como sea, es una declaración de bancarrota y de un fracasado. ¿Admitir que necesito ayuda? Como sea, en la gran necesidad: Si Dios no perdona, ¿entonces quién?

El fariseo y el publicano hablaron. Ahora queremos escuchar a Dios. Estábamos esperando este momento. No necesitamos una votación ni una recopilación de opiniones humanas; el veredicto del Alto es lo que finalmente vale y trae paz. Pero, espere, a quien le dice algo es al pecador: "Justificado delante de Dios". ¿Cómo así? ¿Sobre cuál fundamento? No olvidemos: "Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. . . . cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. . . ." (Rom.3:21-24). 

 ¿Y el fariseo? Admitámoslo, él también es pecador. Compararnos con nuestros semejantes no es un buen camino a seguir. Al acercarnos a Jesús notamos que lo más brillante de las personas es oscuro junto al Gran Yo Soy. Creo que todos debemos orar honestamente la oración del publicano.

PADRE BUENO, no sé que pensamos cuando tratamos de impresionarlo con cosas que nos parecen como buenas - con ciertas 'credenciales' y acciones. Eso no Te conmueve. Solo Tú conoces nuestros corazones y sabes muy bien lo que allí se esconde. "¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón? Límpiame de estas faltas ocultas. ¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente! No permitas que estos pecados me controlen. Entonces estaré libre de culpa y seré inocente de grandes pecados. Que las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón sean de tu agrado, oh SEÑOR, mi roca y mi redentor" (Sal.19:12-14).

martes, 22 de septiembre de 2020

 

Si no hubiera sido por Jesús, las tantas diferentes voces hubieran apagado la esperanza y la fe de Jairo (lea Mr.5:21-43). Jairo fue un líder importante en la comunidad y líder de la sinagoga local. No sabemos si Jairo pertenecía a aquellos religiosos que cuestionaban y despreciaban a Jesús o si pertenecía al grupo que admiraba en secreto al Maestro. Pero, ¿qué importa eso cuando la necesidad toca su propia casa? Su única hija de doce años estaba muriendo (Lc.8:41-42). Cualquier padre en su desesperación por ver a su hija sana busca como sea la ayuda necesaria. En el momento que tenemos que enfrentar la muerte todos somos iguales, nos encontramos en el mismo ruedo con las mismas condiciones. Los títulos, las posiciones y el dinero ya no importan, y tampoco es que sirvan mucho en ese momento crucial. Cuando Jairo ve a Jesús nadie ni nada lo pueden parar. Jairo se tira al piso rogando que Jesús intervenga en favor de su hija, y de toda la familia.

La voz de los prejuicios no lo pudo frenar. El qué dirán los religiosos y los colegas pasó a un segundo plano. Las habladurías acerca de Jesús, de si era o no un profeta, si era o no el Mesías, ya no importaban. Jairo había escuchado que Jesús sanaba enfermos, liberaba a los oprimidos, hacia bien por doquier - y eso era lo que necesitaba urgentemente. Otros hablaban mucho y pocos resultados verdaderos tenían. Jairo avanza esperanzado mirando a Jesús.

La voz del sentimiento de dignidad y del orgullo puede impedir mucho el que nos acerquemos al gran Yo Soy. ¿Cómo puede un líder respetado en la comunidad admitir su necesidad y buscar ayuda y hacerlo además de rodillas? ¿Puede pedir algo de aquel quien era despreciado por la mayoría de los líderes religiosos? ¿Puede permitirle a aquel quien come con los pecadores y los despreciados entrar en su casa? 

Esta historia me recuerda a Naamán quien tuvo que venir a visitar al profeta de Israel, a Eliseo (2Re.5), para ser curado. Viajar a territorio enemigo en busca de ayuda fue un primer paso que aportó al desmoronamiento del orgullo del comandante del ejército Sirio. Y ahora bañarse siete veces en el Jordán no era para nada de su agrado. Que el profeta envíe a un mensajero con la nota y no dignarse a ver al alto mando de Siria personalmente tampoco era la manera de tratar a un comandante de un ejército. Naamán en su desesperación tuvo que finalmente tragarse su orgullo, y fue sanado.

Cuándo el asunto es de vida o muerte el orgullo tiene que hacerse a un lado, no importa cuan duro grite.

La voz de las circunstancias adversas pueden llevar a cualquiera a la desesperación. El asunto era urgente, pero en el camino la multitud no deja avanzar rápidamente. Además aparece de repente aquella mujer que acercándosele por detrás busca igualmente ayuda del Maestro. El avance de Jesús se retrasa. Jesús se toma todo el tiempo necesario para atender otro caso. Todo parece estar en contra.

La voz de los mensajeros - la noticia que traen cae como un balde de agua fría. ¿Y qué decir de los consejos que estos dan? ¿Qué no moleste más al Maestro? ¿Es que todo se apagó de verdad? ¿Por qué me ocurre esto a mí? Pero Jesús quien también oye las voces que quieren apagar toda esperanza y toda fe le habla a Jairo: "No tengas miedo. Sólo tenga fe". Qué contraste. ¿A quién va a escuchar Jairo? ¿A quién le va a creer este padre?

Finalmente arriba Jesús a la casa de Jairo. No nos debe sorprender que la gente esté afligida. Para la gente cualquier poquito de esperanza se había apagado - es que sin Jesús no hay mucho que esperar. Los hechos son los hechos - la chica había muerto. 

Ahora, la voz de la burla se mezcla con el llanto y el lamento - vaya uno a entender al ser humano. La gente no puede creer lo que Jesús dice. La voz de la incomprensión no permite ver más allá. Lo cierto es que la historia no terminó para Jesús con los hechos inmediatos y visibles. Él entra al cuarto donde está la chica. Jesús deja afuera a los burlones, a los mensajeros, a los que no pueden creer y a los que desinflan la fe de toda persona. Creo que es bueno alejarse de aquellos que no entienden lo que Jesús quiere hacer en dado momento para poder ver el poder de Dios en acción. 

¡La voz de Jesús es diferente!

PADRE CELESTIAL hay tantos ruidos que quieren acallar Tu voz en mí - las preocupaciones, las comparaciones, las incomprensiones, las circunstancias adversas, las ideas de la gente, el mucho correr y mucho más. Quiero ser sensible a Tu voz y dejarme guiar por ella. SEÑOR, siempre sabes lo que ocurre en mi vida. Por favor ayúdame a seguirte fielmente. Tus palabras son mi gozo y la delicia de mi corazón. En Ti esperaré y veré Tu poder actuando para Tu gloria.

martes, 15 de septiembre de 2020

si no fuera por Jesús, el leproso tendría los días contados


"Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. Y se acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si  quieres, puedes limpiarme». Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos" (Mt.8:1-4) NBLA.

El encuentro con Jesús que cambió la vida de un leproso - esta historia ocurre inmediatamente después de las enseñanzas del Sermón del Monte. Si no fuera por Jesús, el leproso tendría los días contados (Mt.8:1-4 / Mr.1:40-45 / Lc.5:12). Con una lepra avanzada este hombre vivía aislado, no tenía un futuro prometedor, estaba enfrentando una muerte lenta y muy dolorosa. Lo terrible, la gente ya lo consideraba prácticamente muerto. El leproso tenía que vivir distanciado de la sociedad aguantando una soledad horrible e insoportable (Lv.13:46). Nadie lo quería tener cerca. Frecuentemente le tiraban piedras para que permaneciera suficientemente lejos y no infectara o contaminara a los sanos. Lepra - una enfermedad que separaba brutalmente a una persona de sus semejantes. Es difícil comprender lo que todo esto hacía en su mente, sentimientos y emociones. La esperanza de ser sanado eran mínimas.

No sabemos el trasfondo de la enfermedad. ¿Fue un simple descuido y entonces se contagió? ¿O fue un pecado que llevó a esta enfermedad, como en el caso de Giezi o Uzías? - (2Re.5:1,27 / 2Cron.26:19-20). Como sea, la necesidad existía, era seria y la desesperación grande.

Pero aguarde un momento - el leproso se acerca a Jesús. ¿Atrevido? ¿Está desafiando las reglas sociales? ¿Y qué de la ley? ¿O será que entiende que ésta es su oportunidad para ver un cambio? El leproso ve en Jesús el rayo de luz que le da esperanza. ¿Pero querrá Jesús sanarlo? ¿Será que Jesús lo rechazará como lo hace el resto del mundo? Es obvio que cuando Jesús aparece nadie se debe sentir imperdonable ni incurable ni rechazado. Jesús llama: "Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso" (Mt.11:28) NVI.

El leproso ora: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Este hombre no demanda de Jesús la sanidad. El sabe que a Jesús no se le ordena. Una sumisión humilde y expectante a su soberana voluntad, y la confianza en Su Gracia, es la actitud correcta para acercarse a Jesús. Pero hay algo más. El hombre se postra ante Jesús - él comprende de alguna manera que Jesús no es cualquier persona; Jesús merece adoración, a él hay que rendirle tributo y por eso se postra delante de él (gr.: proskynein). 

Todos los tres Evangelios revelan algo de la intensidad y actitud de este hombre al acercarse a Jesús: Mateo nos dice que el se postró ('proskuneo' - adoró) (Mt.8:2), Marcos dice que el le suplicó cayendo de rodillas (Mr.1:40), Lucas dice que el leproso cayó rostro en tierra (Lc.5:12). El leproso entiende que si Jesús, el Hijo de Dios, no le ayuda, nadie lo hará. Él cree en el poder de Dios obrando a través de Jesús. "Puedes limpiarme" es más que sanidad física, es purificar y limpiar de toda mancha y de toda contaminación por el pecado, es restauración completa. La obra de Jesús siempre va más allá de lo visible y el ahora.

La ley decía que nadie se le podía acercar a un leproso. Todos debían mantenerse alejados - por lo menos dos metros. El contacto significaría exponerse a una contaminación seria y a las consecuencias respectivas. ¿Pero quién puede parar a Jesús cuando éste entiende lo que el Padre quiere hacer? Jesús no hacía nada por su propia cuenta; solo lo que veía hacer al Padre el Hijo lo hacía igualmente. Así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo da vida a los que Él quiere (Jn.5:19-21). 

Vemos a Jesús extendiendo su mano, y tocando a este hombre le dice las más maravillosas y esperanzadoras palabras que alguien puede escuchar: "Quiero; sé limpio". Jesús toca al intocable, perdona al imperdonable, sana al quien ningún otro puede sanar, aprecia al despreciado, ama al difícil de amar ( Mt.9:35-38 / Mt.14:14 / Mt.15:32 / Mr.2:17 / Mr.6:34 / Sal.103:13 / Is.63:9). Y allí donde Jesús pone la mano la muerte tiene que huir y la vida surge con poder (Hch.10:38). 

Aprendemos lo siguiente acerca de Jesús:
[a] Movido por compasión se preocupa por la persona en necesidad, aun por el más impuro.
[b] Jesús posee todo el poder de Dios para sanar física-, espiritual-, emocional- y mentalmente a la gente, aun a los más desesperanzados.
[c] También vemos a un Jesús sabio - él envía al sanado a ver al sacerdote quien iba a certificar la sanidad - este era el proceso que se requería para volver a la sociedad, y más aun, poder volver al templo a adorar.

PADRE CELESTIAL, qué terrible es cuando nos distanciamos de aquellos que Tú quieres tocar. Perdóname por no entender siempre Tu corazón y por la insensibilidad a la necesidad de aquellos que andan por un valle oscuro en su vida. Ayúdame a ser sensible a la necesidad del otro. Deseo escuchar Tu voz con claridad, entender las maneras y los momentos cuando deseas que yo sea Tu mano extendida para amar, consolar, sanar, restaurar.

ASIMILANDO

[1] ¿Qué nos quieren comunicar los textos arriba anotados? ¿Qué significan estos pasajes para nosotros hoy día? ¿Qué le está diciendo Dios a usted personalmente? ¿Hay algo de lo cuál deba arrepentirse? ¿Hay algo que deba cambiar en su vida, alguna actitud, alguna costumbre? ¿Qué pasos debe tomar para cumplir con el mandato de Cristo? 

[2] Use este estudio para reflexionar y dialogar al respecto con otra persona, con la familia o con un grupo pequeño. ¿Con quién y cuándo quiere compartir lo aprendido?

[3] ORE(n) a Dios Padre en el cielo usando estos versículos.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Si no fuera por Jesús, Zaqueo no tendría esperanza

 


Si no fuera por Jesús, entonces Zaqueo no tendría esperanza ni salvación. Zaqueo era pecador, estafador, corrupto, traidor a la patria, despreciado, marcado por la sociedad, y del cual se prefería guardar un cierto distanciamiento social (Lc.19:1-10). Y quien se acercaba a él para ayudar era cuestionado - 'el que tiene discernimiento no se sienta a comer con semejante escoria', decían los que se creían buena gente (Lc.19:7 / Lc.5:30 / Lc.7:39). No había quien le diera una mano a Zaqueo.

Zaqueo era hombre rico, pero con un vacío interno. Había escuchado de aquel quien recibía a los desechados y a los pecadores. Al pasar Jesús por su ciudad se preguntaba si este le podría dar una mano. ¿Será que Jesús le podía dar una luz de esperanza, calmar la sed que tenía por ser perdonado y ser amado? Sin embargo, había demasiados impedimentos para acercarse a Jesús - la multitud de gente que lo alejaba a empujones y patadas; y su cierta limitación física no era favorable. Hasta que vio un árbol a donde subirse y así ver de lejos a aquel quien es tan diferente.

Como si tuviera un radar especial, Jesús ve a Zaqueo escondido entre las ramas del árbol, lo llama por su nombre y se invita a pasar el día en la casa de este desechado - esto lo hace Jesús a pesar de las críticas, los cuestionamientos y las falsas acusaciones de la gente. 

La luz llegó a la casa de Zaqueo. El amor, la aceptación y el perdón sincero nunca vivido caen sobre él como un balde de agua refrescante. Este baño de amor hace en Zaqueo lo que ninguna ley ni los reclamos ni las patadas pudieron hacer - el ordena su vida radicalmente.

En fiel cumplimiento a Su Misión, Jesús se metió en la casa del perdido, y del cual todos guardaban distanciamiento social, para traer salvación (Lc.19:10).

SEÑOR, tu me llamas a seguir tus pisadas. Ayúdame a ver la gente como tu la ves. Ayúdame a no ser un impedimento en el camino para los que te buscan. Ayúdame a amar como tu amas. Ayúdame a ser alguien quien siguiendo el camino de la cruz le da una mano a aquellos que lo requieren y a llevar el mensaje de la vida a los Zaqueos de hoy día.


lunes, 9 de diciembre de 2019

preparemos el camino para la manifestación poderosa de Cristo

"Y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor su Dios. Será un hombre con el espíritu y el poder de Elías; preparará a la gente para la venida del Señor. Inclinará el corazón de los padres hacia los hijos y hará que los rebeldes acepten la sabiduría de los justos" (Lc.1:16-17) NTV.

La Navidad nos recuerda una y otra vez que necesitamos de un Salvador; ésta nos recuerda que somos pecadores y que por propio esfuerzo no nos salvamos. "Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios" (Rom.3:23) NTV. Este aspecto de la Navidad no es la parte linda.

La Navidad es un buen tiempo para hacer un inventario espiritual - un auto-examen nos conviene para ver si estamos viviendo alineados con Dios en nuestro diario caminar: "Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno" (Sal.139:23-24) NVI. Es bueno tener estos tiempos de revisión espiritual para  hacer los respectivos correctivos y poder seguir corriendo la carrera de la vida, y llegar bien al final.

La Navidad no es primeramente un tiempo para fijarse en regalos materiales; es más bien un tiempo para recordar que Cristo es el regalo de Dios a una humanidad que si no es rescatada no tiene salida. "Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él" (Jn.3:16-17) NVI. Celebrar el regalo de Dios es la respuesta correcta de todo humano que reconoce que requiere de un Salvador poderoso y que cree en el Hijo de Dios - el camino, la verdad y la vida.

PREPAREMOS EL CAMINO PARA EL SALVADOR:

  • Preparar el camino para la venida del SEÑOR a nuestra vida lo hacemos a través de un sincero arrepentimiento y un volver a Dios de todo corazón (Lc.1:76-79 / Lc.3:4). Los que creen en el Hijo de Dios tendrán vida eterna y no permanecen bajo la ira del juicio de Dios (Jn.3:28-36).
  • Preparar el camino para la venida del SEÑOR tiene que ver con que los corazones de los padres se inclinen a los hijos y los corazones de los hijos a los padres. Buscar que las familias sean restauradas a la manera de Dios - eso trae bendición, esto es verdadera navidad (Lc.1:16-17 / Malq.4:6).
  • Sabemos que Cristo vuelve una segunda vez. Es por eso que debemos vivir una vida pacífica, pura e intachable ante los ojos de Dios - así estaremos preparados para su venida (2Pe.3:14 / 1Jn.3:3 / 1Tes.3:13 / Filp.1:10).
  • Juan el Bautista andaba predicando para que la gente se arrepintiera y volviera a Dios - así estarían preparados para la venida del SEÑOR. Dios no quiere que alguien se pierda, sino que todos lleguen al conocimiento de la verdad y sean salvos. Por eso Dios nos llama a predicar el Evangelio del Reino a todas las naciones y entonces vendrá el fin (2Pe.3:9 / 1Tim.2:1-4 / Mt.24:14).

CONCLUSIÓN: ¿Podemos hacer de la época navideña un tiempo en el cual nos examinamos para ver cómo andamos con Dios? Podemos preparar el camino para la manifestación de Dios con poder limpiando nuestra vida de todo aquello que entristece al Espíritu Santo.

"Entonces Juan fue de un lugar a otro, por ambos lados del río Jordán, predicando que la gente debía ser bautizada para demostrar que se había arrepentido de sus pecados y vuelto a Dios para ser perdonada. Isaías había hablado de Juan cuando dijo: «Es una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino para la venida del SEÑOR!  ¡Ábranle camino!" (Lc.3:3-4) NTV.
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sábado, 9 de junio de 2018

Los sufrimientos y las tragedias nos instan a vivir una vida ordenada


"En esa misma ocasión había allí algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos eran más  pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. ¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" 
(Lc.13:1-5) LBLA

Algunos piensan que algunos sufren porque son más grandes pecadores o porque no tienen suficiente fe. Hay quienes llegan a pensar que eso es la verdad y pueden caer entonces en grandes sentimientos de condenación y de vergüenza. La verdad es que no sabemos siempre por qué estamos sufriendo. Sin embargo, es cierto que la Biblia nos da algunas razones generales de las razones del sufrimiento y su propósito.

En el relato que encontramos en Lucas 13:1-5 leemos de dos episodios en el que cierta gente sufrió:

  • el primero tiene que ver con un asesinato, es en realidad una masacre perpetuada por parte de Pilato. Él asesinó a algunas personas que estaban ofreciendo sacrificios en el templo y mezcló así su sangre con los sacrificios. No sabemos con exactitud quienes eran esos galileos - ¿eran revolucionarios que se oponían al sistema, eran ladrones, era gente que no quería pagar los impuestos al reino romano, eran religiosos, eran personas comunes y corrientes? No lo sabemos. Este episodio es lo que podemos llamar una atrocidad cometida por humanos, más específicamente por un gobierno.
  • el segundo episodio es un accidente, una calamidad - la torre de Siloé cayó sobre 18 personas y las mata. Estas personas pueden haber estado construyendo o reparando la torre - estaban siguiendo sus labores.

A veces tendemos a pensar que si algo así le pasa a una gente es porque debieron haber hecho algo terrible o cometido un pecado 'horrible'. Conectamos entonces inmediatamente el pecado con el sufrimiento. La respuesta de Jesús es clara: estos que sufrieron no son peores que el resto del mundo, y el resto del mundo no es mejor que los que sufrieron estas cosas. Tampoco es correcto pensar que de acuerdo a los pecados o el tipo de pecado que haya cometido una persona, ésta entonces sufrirá más o menos. Si el sufrimiento dependiera de nuestros pecados, entonces ninguno estaría vivo (Mt.7:4 / Hch.28:4 / Rom.3:10-18,23 / Rom.6:23 / Rom.8:6)

Jesús aclara enfáticamente que si nosotros los que aun vivimos y quienes no estamos actualmente viviendo esos sufrimientos o tragedias no nos arrepentimos de nuestros pecados, entonces igualmente vamos a perecer (ser destruidos totalmente, caer en la ruina). Todos somos pecadores y merecemos la muerte (Rom.6:13). Por eso debemos estar muy prestos a buscar el arrepentimiento mientras vivamos, mientras haya oportunidad - Dios nos ha dado tiempo adicional para poner las cosas en orden. El único camino para escapar de la perdición es el arrepentimiento (Hch.2:38 / Hch.3:19 / Hch.8:22 / Hch.17:30).
No necesariamente se dice que vamos a experimentar los mismos sufrimientos como los mencionados en estas historias, pero al final de la vida sí perderemos todo si no nos arrepentimos de nuestros pecados.

Cada vez que vemos sufrimiento o tragedias debemos recordar que lo mismo me puede pasar en cualquier momento y que por eso debo apurarme a auto-examinarme y en caso dado a arrepentirme de mis pecados y vivir una vida ordenada en Dios. 
Es terrible si vivo sufrimientos o si veo a alguien sufrir y eso no me lleva a examinarme y a buscar a Dios de todo corazón (Apoc.16:8-11). De nada sirve señalar a otros y no hacer un sincero auto-examen (Mt.7:4).

Los sufrimientos humanos (si los vivimos, vemos o si escuchamos de ellos) nos convocan a buscar a Dios en todo momento, a arrepentirnos de nuestros pecados, a vivir una vida ordenada delante de Dios recordando que todos podemos sufrir y experimentar cosas similares o peores.

Citas adicionales para considerar: 1Pe.4:17-18 / Job 22:5-16 / Jn.9:2 / Hch.28:4 / Lc.19:42-44 / Mt.23:35-38

APLICACIÓN:
¿Alguna vez ha sufrido o visto, escuchado de tragedias y de sufrimientos y te han llevado a revisar su propia vida? ¿Te ha llevado esta revisión de vida a arrepentirse de algo? Explique
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