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martes, 15 de enero de 2019

¿Quién es tu ayudador?



Cántico para los peregrinos que suben a Jerusalén. 
"Levanto la vista hacia las montañas, ¿viene de allí mi ayuda? ¡Mi ayuda viene del SEÑOR, quien hizo el cielo y la tierra! Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá. En efecto, el que cuida a Israel nunca duerme ni se  adormece. ¡El SEÑOR mismo te cuida! El SEÑOR está a tu lado como tu  sombra protectora. El sol no te hará daño durante el día, ni la luna durante la noche. El SEÑOR te libra de todo mal y cuida tu vida. El SEÑOR te protege al entrar y al salir, ahora y para siempre" (Sal.121:1-8) NTV

La vida es un viaje en el cual podemos experimentar cosas buenas como también cosas malas. No sabemos lo que el mañana nos depara. Y hacer planes sin incluir al SEÑOR es puro atrevimiento y tontería. Lo único que sabemos con toda seguridad es que en algún momento nos espera la muerte, el partir de este mundo (Stg.4:13-16 / Job 14:1-2 / Sal.39:5 / Sal.102:3 / 1Pe.1:24 / 1Jn.2:17).

A lo largo de nuestro caminar sobre esta tierra estamos de alguna manera conscientes que cualquier cosa puede pasar y que pueden haber de un día para otro cambios drásticos en nuestra vida. Lo vemos en el caso de Job quien en un día tenía de todo, era próspero, tenía empleados, tenía tierras y ganado, tenía hijos; y en un solo día todo cambió. Job pierde su salud, sus riquezas, su negocio, sus hijos. 
Otro ejemplo de cambios repentinos en la vida es el de José, quien en un día se encontraba en la cárcel y en el otro llegó a ser el segundo al mando de toda una nación; así terminó un largo trayecto de experiencias dolorosas (Sal.105:16-22). 

Sabemos que vivimos en un mundo que cambia constantemente y que además no es perfecto. A veces cambia más rápido de lo que nos gusta - y no siempre cambia para bien.  Sistemas, estructuras, circunstancias externas, la tierra, el mundo entero - todo cambia. Igualmente en el caso de los líderes y las personas (tanto en el mundo en general como en la iglesia), estas vienen y van. Nosotros cambiamos - la vida tiene sus etapas, nos envejecemos, la salud puede experimentar cambios drásticos. ¿Y quién puede frenar todo esto, evitarlo o escapar de ello? Esta realidad trata de infundirnos temor e inseguridad.

¿A dónde mirar en esos momentos? ¿De dónde viene la ayuda que necesitamos?

El Salmo 121 es un salmo que los peregrinos israelitas, que subían a Jerusalén para adorar, cantaban en el camino. Tres veces al año subían los israelitas a Jerusalén para participar de ciertas festividades. En el camino tenían que superar peligros, amenazas, cansancio, y toda clase de otros desafíos. Mientras avanzaban en el camino ellos cantaban este Salmo. En este Salmo notamos cómo ellos fijaban su mirada en la fuente que de verdad podía darles la ayuda oportuna, el consuelo, la fortaleza, la visión y la esperanza de un futuro seguro. Ellos declaraban su confianza en aquel quien los observaba y cuidaba a lo largo de todo el camino.

"Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?" (Sal.121:1) LBLA

¿En quién ponemos la mirada? (Hebr.11:24-27 / Hebr.12:1-2)
  • para tener valor y vivir una vida que marca la diferencia,
  • para rehusar las cosas temporales y alcanzar lo verdadero,
  • para preferir o aceptar el sufrimiento temporal por alcanzar lo eterno,
  • para no temer lo que la gente le pueda hacer y más bien poner su confianza en la Roca eterna,
  • para seguir firme en el camino de la verdad y llegar bien a la meta, 
  • para superar todos los desafíos que se le presenten en el camino.
Existe el peligro de poner la mirada en el lugar equivocado
Cuando nos encontramos en momentos difíciles o cuando queremos asegurar que no nos ocurra nada malo somos tentados a buscar la ayuda en el lugar equivocado.
  • Si nos va bien y tenemos éxito tendemos a pensar que fuimos nosotros los buenos, inteligentes y hábiles para alcanzar lo que ahora se ve y olvidamos que es Dios quien nos da las fuerzas, la salud y las habilidades para salir adelante. Nos creemos la fuente de los éxitos y promulgamos la fe en nosotros mismos (Dt.8:17-18 / Dt.9:4 / Is.10:8-14).
  • El temor por lo que nos puede ocurrir en el camino radica frecuentemente en que hemos depositado nuestra confianza precisamente en aquellas cosas y personas que cambian, que son inciertas, que son inestables, que además no son perfectas y que nos han desepcionado. Tendemos a construir nuestra vida sobre arena (Hebr.13:5-6 / Mt.6:25 / Mt.7:24-27). O como lo dice la Biblia en otro lado: confiar en Egipto, en sus carros, en su gente y en su fuerza es una trampa con resultados costosos (Is.31:1 / Is.30:16 / Is.36:10 / Sal.33:16-17 / 2Cron.16:7 / Jer.2:13 / Jer.17:5 / Sal.146:3-5).
  • El ejemplo de Pedro
"Entonces Pedro lo llamó: - Señor, si realmente eres tú, mándame que vaya hacia ti caminando sobre el agua. - Sí, ven - dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús. Pero, cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse. «¡Sálvame, Señor!» - gritó. De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró. «Tienes tan poca fe - le dijo Jesús -. ¿Por qué dudaste de mí?»." Mt.14:28-31 NTV
NO FUERON LOS VIENTOS FUERTES ni las olas violentas que en aquel momento pusieron en peligro la vida de Pedro - Pedro alejó la mirada de Jesús y la puso en lo que lo rodeaba, la tormenta, las olas, las leyes naturales, etc., y DUDÓ DE JESÚS y de SU Palabra.
En cualquier momento/tiempo de tormenta o tensión - y también en cualquier buen momento - la mirada puesta fijamente en Jesucristo nos trae dirección, propósito, consejo, paz, consuelo y restauración.
Y si nos encontramos en momentos críticos, de estrés, de confusión, de dudas, de miedo, de sufrimientos de pérdidas, etc. - Mirar a Jesús es recordar la Palabra de Dios, Sus promesas; es recordar aquellos momentos en los que vimos el poder de Dios actuando en nuestra vida; además podemos SIEMPRE acudir a Jesús en oración. Él no está lejos. Él escucha nuestras oraciones y es poderoso para ayudar (Sal.120:1 / Sal.18:6 / Sal.107:13 / Sal.118:5 / Sal.103).
". . . Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. . . ." (Hebr.12:1-2) NTV

"Mi socorro viene del SEÑOR, que hizo los cielos y la tierra" (Sal.121:2) LBLA

Los israelitas hicieron una declaración poderosa:
  • El SEÑOR creador del cielo y de la tierra, y no los dioses falsos o los ídolos de las naciones, es quien ayuda de verdad - Él es el verdadero Dios (Jer.10:11).
  • El SEÑOR es el poderoso quien está sobre todo lo terrenal y pasajero. Él controla el hoy y el mañana.
La mirada fijada en el SEÑOR Jesús, quien es el poderoso y quien no cambia; es esta mirada la que nos da la seguridad y la visión correcta para vivir una vida en paz, una vida que con paciencia (perseverancia) vence los momentos difíciles, y que además ayuda a marcar la diferencia en un mundo cambiante, caótico y lleno de imprevistos. Jesucristo es la firme Roca en la cual debemos anclar nuestra fe (Hebr.12:1-3 / Is.45:22 / Miq.7:7 / Jn.6:40 / Jud.20-21 / Is.17:7-8). La confianza en el SEÑOR es la clave: Él es quien nos provee seguridad, prosperidad, ayuda divina en el caminar diario y a través de cualquier circunstancia (Sal.37:3-7 / Sal.115:9-11 / Sal.125:1 / Is.12:2 / Is.26:3-4 / Jer.17:7-8 / Prov.3:5-6).

El SEÑOR bueno y perfecto es el mismo siempre y no cambia como una sombra en movimiento (Stg.1:17 / Apoc.1:8); SU poder divino es el mismo siempre y cada generación puede contar con ese poder (Hch.1:8 / Is.41:4). 
El mensaje de la Palabra de Dios es el mismo - no hay que añadirle nada ni quitarle algo. Es el mismo mensaje para todas las generaciones y todos los tiempos (2Tim.3:16-17 / Mt.28:18-20); Las promesas de Su amor y de Su presencia son las mismas siempre (Sal.103:17 / Mt.28:18-20); Si Dios demostró en el pasado SU amor en Cristo rescatándonos de la perdición, lo seguirá haciendo hoy (Hebr.2:17-18 / Hebr.4:14-16). 
EL ES DIGNO DE NUESTRA CONFIANZA. Y recuerde que el llamado también sigue siendo el mismo (Jn.14:12 / Mt.28:18-20 / Mt.10:7 / Mt.4:19).

"¡El SEÑOR mismo te cuida! El SEÑOR está a tu lado como tu sombra protectora" (Sal.121:5) NTV

Seis veces aparece en este Salmo la palabra "SHAMAR" que significa cuidar, proteger, vigilar (Sal.121:3.4.5.7.8).
  • El camino puede ser difícil, pero el SEÑOR conoce el camino y los desafíos que estos representan. Él cuida que nuestro pie no resbale (Sal.91:12 / Prov.3:23.26 / Sal.91:10-12) El cuida las sendas de los justos (Prov.2:8). Él nos guía por el mejor sendero para nuestra vida, nos aconseja y vela sobre nosotros (Sal.32:7-8). No solo nos cuida para que en esta tierra no enfrentemos tropiezos, sino que nos guarda para que lleguemos bien al final de la carrera espiritual (1Pe.1:5 / Jud.24 / 2Tes.3:3). El sabe cuantos cabellos tenemos sobre la cabeza (Mt.10:28-30). Si el Señor no cuida la ciudad de nada vale lo que hacen los guardianes (Sal.127:1 / Sal.33:16-18 / Prov.21:30-31 / 1Cor.3:7).
  • Otros dioses pueden estar distraídos o dormidos como Baal en 1Re.18:27, pero el Dios creador del cielo y la tierra es Dios siempre presente y atento a nuestro caminar (Is.8:9-10).
  • Nuestro Protector es Dios quien nos acompaña a lo largo de todo el camino, sea fácil o sea complicado lleno de desafíos. La historia de Israel y como Dios los acompañó en todos los momentos guardándolos con toda diligencia nos anima - partió el mar rojo para que pasaran con pie seco; los egipcios murieron tratar de perseguir a Israel porque Dios intervino en el momento correcto; milagrosamente proveía comida y agua en el desierto; protegía al pueblo de todo tipo de peligros mientras andaban por el desierto; sanó a Su gente de todo tipo de enfermedades; hizo que las murallas de Jericó cayeran, le daba la victoria al pueblo sobre los enemigos que los querían destruir (2Tes.3:3 / Jud.24 / Sal.91:10-12 / Prov.3:26). 
  • Él es Dios presente (Is.49:10 / Sal.91:1 / Is.25:4 / Hch.18:10 / Hch.23:11 / 2Tim.4:17-18 / Is.43:2 / Mt.28:18-20).
  • "El SEÑOR te protege al entrar y al salir, ahora y para siempre" (Sal.121:8). El Salmo 121 no nos enseña que nunca vamos a pasar por momentos difíciles o que nunca vamos a tener problemas (Jn.16:33 / Rom.8:35-39 / 2Tim.1:12 / 2Tim.4:18).
Hay suficientes ejemplos en la Biblia de personas que pasaron por valles de sombra y de muerte: Job, José, Daniel, Pablo, Jesús, etc. - y nosotros vamos envejeciendo y en algún momento tenemos que morir, si es que Jesús no viene antes. 
La verdad es que en medio de momentos difíciles Dios vigila nuestras vidas, nos guía y cumple Sus propósitos en nosotros (Gn.28:15). 
Y si problemas físicos y externos nos tocan, Dios siempre preserva nuestras almas. Los ejemplos arriba mencionados pasaron en sus vidas momentos muy difíciles, sin embargo, esas cosas nunca destruyeron a estos hombres. En medio de los problemas Dios los cuidaba. En el caso del apóstol Pablo vemos que finalmente los enemigos terminaron quitándole la vida física, pero jamás pudieron destruir a Pablo - no importa lo que nos pueda pasar, nada y nadie nos puede separar de Cristo y de Su amor para con nosotros (2Cor.5:8 / Mt.10:28 / Rom.8:35-39 1Pe.1:5)

ORACIÓN FRENTE A TANTA INCERTIDUMBRE EN EL MUNDO: 

"El SEÑOR es mi fortaleza y mi escudo; confío en él con todo mi corazón. Me da su ayuda y mi corazón se llena de alegría; prorrumpo en canciones de acción de gracias" (Sal.28:7) NTV

"Pero benditos son los que confían en el SEÑOR y han hecho que el SEÑOR sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto" (Jer.17:7-8) NTV

viernes, 3 de agosto de 2018

La liberación de los sufrimientos (Rom.8:18-23)


"Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora.Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo" (Rom.8:18-23) LBLA

Todos los cristianos sufren y experimentan en algún momento de la vida aflicciones. La palabra sufrimientos hace alusión a todo tipo de sufrimientos que una persona pueda experimentar en la vida. Estos sufrimientos, luchas y aflicciones pueden ser de índole material, emocional, espiritual, físicos (enfermedades, persecución, pérdidas, lucha espiritual, abuso, envejecimiento, dolor, debilidad, etc.) (Hch.14:22). El que pasemos por sufrimientos nos recuerda constantemente que aun no hemos llegado al cielo ni a la nueva tierra donde no habrá llanto ni dolor (Apoc.21:1-4). Sin embargo, es importante notar que el sufrimiento no es sin propósito.

  • Sufrimos a fin de que seamos glorificados con Cristo (Rom.8:17). 
  • Los sufrimientos y las aflicciones son necesarias para probarnos, purificarnos e invitarnos a vivir una vida ordenada delante de Dios y del prójimo (2Pe.1:6-7 / Hebr.12:5-11 / Lc.13:1-5). 
  • Los sufrimientos hacen que el creyente dependa cada vez más de Dios (2Cor.1:8-11). 
  • Los sufrimientos nos hacen mejores servidores y ministros (2Cor.1:3-6).

Los sufrimientos, aflicciones y luchas que experimentamos en esta vida no es nuestro final ni nuestra meta. Hay una gloria que será revelada y que no se puede comparar con nada vivido en esta tierra (Rom.8:18 /Col.3:4 / 2Tes.1:7-12,14 / 1Pe.4:13 / 1Pe.5:1 / 1Jn.3:2).

La creación entera sufre las consecuencias del pecado. Ella fue sometida a vanidad - no alcanza los resultados para los cuales fue creada. Hay una interrelación entre los humanos y el bienestar de la tierra. Lo que vemos hoy ocurrir en el mundo no es el plan original de Dios con la creación (Rom.8:19-20). La creación sufre los efectos del pecado, está bajo maldición, sufre violencia, es profanada - todo esto por el pecado de los humanos. La creación no buscó ser condenada a la corrupción. Por la causa del hombre fue sometida a maldición (Gn.3:17-19 / Gn.5:29 / Gn.6:13 / Is.24:5-6 / Jer.12:4,11 / Jer.14:5-6 / Os.4:3 / Joel 1:18).

La otra realidad es que la creación está esperando ansiosamente (estira la cabeza en una espera anhelante y profunda de algo proveniente de un cierto lugar / Rom.8:19,23 / Filp.1:20) el momento cuando los hijos de Dios serán glorificados. Entonces llegará el momento en el que Dios crea cielos nuevos y tierra nueva (Is.65:7 / Hch.3:21 / 2Pe.3:11-13 / Apoc.21:1-5). Mientras tanto la tierra gime y sufre dolores de parto hasta ahora, queriendo ver cumplir el plan de redención divino - ella fue sometida a vanidad en la esperanza de que ella misma será también liberada de la corrupción (Rom.8:20-22). En la revelación de los hijos de Dios la creación también será liberada de la corrupción y de la maldición que experimenta por culpa de los humanos (Rom.8:21 / 2Pe.3:10-13).

Como creyentes en Cristo tenemos viviendo en nosotros el Espíritu Santo y con ello ya experimentamos la primicia (primer fruto) de lo que ha de venir en su plenitud. El Espíritu Santo en nosotros es el primer fruto de lo que será la total cosecha/resultado de la cruz. Ya hemos comenzado a vivir la vida abundante y eterna. Si el primer fruto es tan sabroso, entonces ¿cómo será la plenitud? (Rom.8:15-16,23-27 / Rom.5:5 / 2Cor.5:5 / Ef.1:14).
Pero la perfección aun no se manifiesta. Por eso el creyente, igual que el resto de la creación, gime en su interior anhelando la redención de su cuerpo - queremos ser librados completamente de los sufrimientos y limitaciones de este mundo (Filp.3.20-21 / 2Tim.4:8 / Tit.2:13 / Hebr.9:28 / 1Jn.3:2 / Lc.21:28 / Ef.1:4 / Ef.4:30 / 1Cor.15:50,53-53 / 2Cor.5:2).

Entendiendo lo que se nos viene esperamos, en medio de cualquier sufrimiento, la intervención final de Dios; la esperamos con paciencia, cuidando nuestro caminar con Cristo y sirviendo a Dios y al prójimo como Dios manda (Rom.12:12 / Hebr.6:12,15 / Stg.5:7-11 / Sal.37:7-9 / Sal.62:1,5-6 / Sal.130:5-7 / 2Tes.3:5 / Hebr.10:36 / Hebr.12:1-3 / Stg.1:3-4 / Apoc.1:9 / Apoc.14:12).
Nuestra espera no es fatigosa ni frustrante. Es una espera llena de expectación y de gozo. Por fuera vivimos los desafíos de un mundo afectado por el pecado, tenemos que enfrentar dificultades, sufrimientos, muerte, corrupción, etc. Pero recordamos que el cristiano no vive solo en este mundo - también vive en Cristo y el Espíritu Santo vive en él. No miramos solo hacia este mundo sino hacia arriba de donde nos viene toda ayuda para salir adelante en esta vida y luego vivir la plenitud de la redención.
Vemos la destrucción que trae el pecado, pero también vemos a Dios y Su poder, Su misericordia, Su amor y Sus promesas de vida. El cristiano no espera la destrucción final y la muerte eterna, sino la vida eterna y la manifestación total de la salvación divina.
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sábado, 28 de julio de 2018

La esperanza en los sufrimientos



"Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre" (2Cor.4:16‭-‬18) NTV

El creyente cristiano y en especial los servidores/ministros del Señor enfrentan momentos difíciles y sufrimientos en la vida (2Cor.4). El apóstol Pablo menciona en sus cartas algunas de las cosas que él vivió. Él dice: Somos vasijas frágiles de barro, presionados por dificultades, estar perplejos (estar sin recursos, en apuros, sin saber qué hacer), perseguidos, sufriendo el desgaste del cuerpo, en peligros de muerte, etc. Sin embargo, el apóstol dice que nunca se da por vencido (perder el ánimo, carecer de valor) (2Cor.4:1,16). Para que Pablo pueda decir algo así debe tener un poder especial que lo sostiene y una visión diferente de la vida. ¿Qué es lo que Pablo tiene y que lo convierte en una persona con mucha esperanza en medio de tantas adversidades? El pasaje de 2Cor.4 nos da alguna luz de aquello que sostenía a Pablo en medio de las aflicciones que enfrentaba. 

[1] La presencia de Dios y el conocimiento de Dios (2Cor.4:6-7). La presencia de Dios en el vaso frágil hace que seamos algo especial, seamos fuertes, capaces y gente con esperanza. Su presencia nos transforma a los que hemos nacido de nuevo en nuevas criaturas (2Cor.5:17 / Ef.4:24 / Col.3:10 / 2Pe.1:4 / Jn.10:10 / Jn.3:16). Somos mortales y no nos podemos salvar a nosotros mismos ni cambiar por nuestras propias fuerzas: La presencia de Dios en nuestra vida como creyente hace la diferencia (2Cor.5:1,4 / Mt.28:18-20 / Gn.28:15)

[2] La esperanza de la manifestación del poder de Dios en su vida y en su cuerpo mortal (2Cor.4:7-12). El creyente enfrenta muchas y diferentes aflicciones y desafíos a lo largo del camino, pero el poder de Dios está a su disponibilidad para fortalecerlo en el hombre interior para marcar la diferencia, tener victoria y servir efectivamente en medio de circunstancias difíciles (Hch.1:8 / Hch.4:7-8,24-31 / Jn.14:16-18 / Ef.3:16 / Col.1:11 / 1Sam.30:1-6)

[3] El espíritu de fe (2Cor.4:13). En medio de las aflicciones y sufrimientos es fácil perder la fe en Dios, la tentación de dejar el camino de la verdad se torna en una gran tentación. Si el creyente pone su mirada en las dificultades y no en las promesas del Señor y en Su poder, entonces las cosas se tornan críticas y peligrosas. Solo la mirada en Jesús ayuda al creyente a salir adelante (Sal.116:10 / Rom.10:17 / Ef.6:16 / Stg.1:5-6 / Hebr.12:1-3).

[4] La esperanza de la resurrección de entre los muertos (2Cor.4:14). El creyente vive negándose a sí mismo y dejando a un lado la vida pecaminosa por amor a Dios y por cumplir con los mandamientos de Dios y sus planes para la vida - entendiendo que los planes de Dios son para vida. También entiende que un día morirá y que resucitará para vida eterna. Esta esperanza lo sostiene y lo mantiene en la carrera sirviendo al prójimo y enfrentando todos los desafíos de la vida y del ministerio con la ayuda y el poder de Dios. Esta esperanza se basa en que Jesucristo fue resucitado (Jn.5:25,28-29 / Jn.11:25 / Hch.24:15 / Rom.8:11 / 1Cor.6:14 / 1Cor.15:19-22 / 2Cor.4:14 / 1Tes.4:16-18).

[5] La necesidad de otros y ver la gracia de Dios obrando en ellos y a través del ministro, y sus resultados - todo esto es suficiente motivación para seguir firme en la fe (2Cor.4:15). Tanto el  ministro sincero como el creyente verdadero sufren lo que sea por amor a otros y por ver a Dios siendo glorificado. La satisfacción que produce el servir a otros y ver la gracia de Dios operando en la vida del prójimo sostiene al creyente en medio de los sufrimientos (Jn.21:16 / 1Cor.15:58 / Gal.6:10). Cuando servimos a Dios de manera sincera en medio de la oscuridad, entonces Dios es glorificado (Mt.5:16 / Jn.15:8 / 1Cor.6:20 / 1Pe.2:9)

[6] La esperanza de la gloria eterna lo sostiene (2Cor.4:16-18). Pablo escribe este pasaje para específicamente ayudarnos a no perder las esperanza, para que nunca nos demos por vencidos. El dice que nuestro cuerpo físico se va desgastando, se envejece, se debilita, se enferma. Sin embargo, el hombre interior del creyente en Cristo cambia continuamente para bien, es renovado cada día. Pablo sigue y dice que los sufrimientos acá en la tierra son pasajeros y livianos (aunque esto no lo percibimos todas las veces de esa manera). El peso de la gloria eterna no se compara con los sufrimientos pasajeros. Las aflicciones son cambiadas por la gloria eterna. Pablo nos anima a poner nuestra mirada en las cosas invisibles, ya que lo que nos rodea y nos aflige y que parece de gran peso nos jala para abajo. TAMBIÉN nos dice que los sufrimientos son una herramienta (producen, obran, consiguen, producen mediante esfuerzo) que nos prepara para la eternidad y añaden a la gloria que vamos a vivir - tienen un efecto positivo y eterno incalculable. Los sufrimientos tienen una recompensa eterna si sufrimos como cristianos - podemos decir que quien más sufre acá el peso de la gloria eterna será mayor (Mt.5:12 / Rom.5:3-5 / 2Tes.1:4 / Hebr.12:10-11/ Stg.1:3-4 / Stg.1:12 / Lc.6:23 / 1Pe.1:7-8 / 1Pe.5:10). La dirección de nuestra mirada juega un papel muy importante como fuente de desánimo o de ánimo y fortaleza (Hebr.11:25-27 / Rom.8:24-25 / Hebr.12:1-3).
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jueves, 14 de junio de 2018

Sufrimientos: oportunidad para crecer en santidad


"¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes  como a hijos? Él dijo: 'Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor y no te des por vencido cuando te corrija. Pues el SEÑOR disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo'. Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca  fue disciplinado por su padre? Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos. Ya que respetábamos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, entonces, ¿acaso no deberíamos someternos aún más a la disciplina del Padre de nuestro espíritu, y así vivir para siempre? Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron. Pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad. Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al  contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella" 
(Hebr.12:5-11) NTV

El Padre celestial, en Su amor, nos cuida y busca lo mejor en nosotros y para nosotros. Aun en los momentos más difíciles que podamos vivir en la vida, Él está cerca y busca transformar nuestras vidas para que vivamos una vida que marca la diferencia. Él no busca darnos golpes para destruirnos. Él siempre busca nuestro bienestar.

Sin embargo, El Señor sí nos disciplina - Él usa circunstancias externas para disciplinar, corregir, formar a aquel a quien Él ama. Muchas veces nos sentimos en tales situaciones difíciles y de dolor como si Dios no nos amara o nos sentimos menos amados o como si Dios estuviera lejos de nosotros. Pero la verdad es otra. La realidad es que la disciplina nos confirma como hijos de Dios. 
Dios no está buscando causarnos dolor, dificultades, aflicciones, sino más bien está preocupado en salvarnos y llevarnos a que seamos todo lo que Él quiere que seamos y que tengamos vida eterna. Dios no nos quiere dejar a la deriva y caminando por caminos errados.
La disciplina es corrección, pero también es enseñar, entrenamiento y formación. Las experiencias exteriores de dolor, sea que hayan sido causadas por nuestra culpa o no, se tornan en herramienta para Dios para conseguir Sus buenos propósitos en nosotros - fortalecernos en nuestra fe, crecer en santidad, crecer en nuestra dependencia de Él, etc.
Un llamado importante que encontramos en estos versículos es el de no despreciar la disciplina y el de no dejarnos desanimar por ella. Debemos tomar la disciplina en serio y permitir que cumpla con su cometido divino (Hebr.12:5 / Jer.32:33 / Jer.2:30 / Jer.5:3 / Apoc.16:11 / Hch.7:51)

Si como hijos de Dios, como aquellos que han sometido su vida al Señor, somos disciplinados, entonces no es porque Dios nos tiene bronca o nos desprecia, sino porque nos ama. Si nuestros padres terrenales, quienes nos dieron la vida física, nos tratan con disciplina por amor y por el interés de que no lleguemos a ser bastardos e hijos desordenados, cuanto más el Padre celestial, quien nos dio la vida espiritual, nos tratará de la misma manera. Dios no solo busca que nos vaya bien acá en esta vida, Él busca lo mejor para nosotros para la vida eterna. Los padres terrenales lo hicieron de acuerdo a lo que ellos pensaron que era lo mejor para nosotros en la vida. El Padre celestial sí sabe lo que es bueno para nosotros en todo tiempo. Sin disciplina el mundo estaría en una mayor situación caótica. El mundo requiere de disciplina, de instrucción, de formación, de corrección.
No somos perfectos, somos pecadores y frecuentemente tomamos decisiones equivocadas que nos llevan por caminos de muerte. Dios no quiere nuestra destrucción, sino nuestra vida, vida eterna y por eso trata con nosotros para encaminarnos por las sendas de vida (Hebr.12:7 / Stg.1:12 / Stg.5:11 7 1Pe.2:19 / Lc.10:27-28).

El propósito de la disciplina divina, que es por amor, es que lleguemos a ser participantes de Su santidad. Aunque la disciplina es dolorosa en su momento, al final llega a producir un fruto agradable - "la cosecha de una vida recta" (Mt.13:23 / Sal.34:14). Todo sufrimiento y aflicción tiene como fin el que seamos cambiados a la imagen de Dios, que crezcamos en santidad y vivamos una vida recta (Lv.11:45 / Lc.1:74-75 / 2Cor.7:1 / 1Pe.1:16 / 2Pe.3.11 / Rom.12:1-2). Si en medio de las circunstancias difíciles aprendemos a someternos a Dios de todo corazón, entonces veremos, que estos momentos que sirven como herramienta disciplinadora, nos cambian para ser gente que marca la diferencia y dan gloria a Dios (2Cor.1:8-9).

"Por lo tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus  rodillas debilitadas. Tracen un camino recto para sus pies, a fin de que los débiles y  los cojos no caigan, sino que se fortalezcan. Esfuércense por vivir en paz con todos y procuren llevar una vida  santa, porque los que no son santos no verán al Señor. Cuídense unos a otros, para que ninguno de ustedes deje de  recibir la gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz  venenosa de amargura, la cual los trastorne a ustedes y envenene a  muchos. Asegúrense de que ninguno sea inmoral ni profano como Esaú,  que cambió sus derechos de primer hijo varón por un simple plato de  comida. Ustedes saben que después, cuando quiso recibir la bendición de  su padre, fue rechazado. Ya era demasiado tarde para arrepentirse, a pesar  de que suplicó con lágrimas amargas" 
(Hebr.12:12-17) NTV


APLICACIÓN:
¿Cómo se siente usted cuando pasa por momentos difíciles en la vida? - ¿Se siente amado o menos amado? ¿Por qué?

¿Está usted actualmente sufriendo o pasando por una aflicción? ¿Cómo puede usted aprovechar esta situación para acercarse más a Jesús en vez de alejarse de Él?

¿Tiene usted una persona de confianza con al cual puede compartir lo que está viviendo para orar juntos?
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miércoles, 13 de junio de 2018

Las aflicciones nos enseñan a depender de Dios


"Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar, cooperando también vosotros con nosotros con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don que nos ha sido impartido por medio de las oraciones de muchos"  (2Cor.1:8-11) LBLA

Cuando uno de nuestros hijos o nietos corre hacia nosotros llorando no dudamos en levantarlo y abrazarlo, ¿cuánto más va el Padre celestial a abrazar y cuidar a aquellos que corren hacia Él y que se dejan caer en su regazo? (Mt.7:7-11 / Lc.11:13).

En el texto arriba mencionado leemos que el apóstol Pablo estaba pasando por momentos muy difíciles. Pablo habla de una aflicción que los abrumó sobremanera, a él y a sus compañeros. Llegaron a los límites de sus fuerzas y perdieron toda esperanza de salir de esa situación con vida. Sin embargo, también aprendemos que Dios tiene un propósito con esos sufrimientos que estaban viviendo. Dice: "a fin de...".

El propósito era el de llevarlos al punto de no confiar en ellos mismos sino en Dios quien puede resucitar a los muertos. No era llegar a tener necesariamente una esperanza que los iba a sacar de la situación misma, sino más bien una esperanza en la resurrección de los muertos. Aun si estas aflicciones los llevaban a la muerte, ellos aprendieron a ver más allá, a ver la resurrección de los muertos.
Hay momentos en la vida en las que las aflicciones no van a mejorar, podemos morir en el proceso, pero la esperanza de la resurrección de los muertos es suficiente para ayudarnos a seguir adelante confiando en Dios y en Sus promesas de una vida en Su presencia. Es una esperanza que no nace de Pablo ni de lo que diga la gente, ni en trucos religiosos o declaraciones vacías. Es una esperanza generada por Dios en Pablo y en sus compañeros. Dios es quien los lleva a que aprendan a confiar más profundamente en Dios quien los resucitará de entre los muertos - la muerte física no es el fin.

El propósito de Dios en las aflicciones, sufrimientos y tragedias es la de hacernos más fuertes en Dios; que nuestra confianza en Él esté bien fundamentada y nuestro carácter sea todo lo que Él quiere que sea. Dios usa los sufrimientos para enseñarnos a confiar en Él, depender de Él, esperar en Él (Rom.5:3-5).

Todo sufrimiento humano tiene el propósito de despertar o fortalecer nuestra dependencia y confianza en Dios quien resucita a los muertes y quien cumple Sus promesas contra todos los pronósticos humanos. La confianza salvadora que da seguridad y esperanza no es la confianza basada en nosotros mismos ni en una persona o en cosa o sistema alguno.
Los sufrimientos nos llevan a ser más dependientes de Dios y no de nosotros mismos. No es la fe en nosotros mismos la que nos da verdadera esperanza, sino la fe en Dios quien es poderoso para resucitar a los muertos y para hacer una obra maravillosa en nosotros cambiándonos a la imagen de Cristo. El hombre no se puede salvar/resucitar a sí mismo de entre lo muertos (2Cor.4:7-12 / 1Cor.15:32 / 2Cor.3:5 / 2Cor.12:7-10 / Prov.28:26 / Jer.17:5-7 / Lc.18:9 / Rom.4:17-25 / Hebr.11:17-19).

La confianza en Dios debe ser una confianza a diario. Dice: "... el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar, ..." (2Cor.1:10) LBLA

Finalmente notamos que los sufrimientos personales, como también los de otros, nos enseñan a orar y a dar gracias a Dios (2Cor.1:11). Las oraciones de los creyentes le ayudan al sufriente a experimentar victoria en medio de las aflicciones. Cuando el creyente sufriente es fortalecido y liberado, cuando vemos que nuestras oraciones son contestadas, esto lleva a que todos alaben a Dios (Rom.15:30-31 / Ef.6:18 / Filp.1:19 / Col.4:12 / Stg.5:16).

APLICACIÓN:
¿Los sufrimientos te llevan a buscar más a Dios o más bien te alejan de Él?

¿Sabe de alguien que está pasando por aflicciones y sufrimientos? ¿Cómo puede orar por esta persona?

Si usted está pasando por un momento difícil ¿por qué no pide que otros oren por usted estando en medio de esas circunstancias?
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