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Frente a tanta incertidumbre - Jesús nunca cambia

‘Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre’ (Hebr.13:8) (NTV)

No es nada nuevo cuando se dice que vivimos en un mundo que cambia constantemente y que además no es perfecto. A veces cambia más rápido de lo que nos gusta – y no siempre cambia para bien. Sistemas, estructuras, circunstancias externas, la tierra, el mundo entero – todo cambia. Igualmente en el caso de los líderes y las personas (tanto en el mundo en general como en la iglesia), estas vienen y van. Nosotros cambiamos – la vida tiene sus etapas, nos envejecemos, la salud puede experimentar cambios drásticos. ¿Y quién puede frenar todo esto, evitarlo o escapar de ello?

Además, y esto es lo que complica aun más el asunto, notamos que la realidad de los cambios, de lo incierto, de la inestabilidad de las circunstancias y de lo inseguro de la vida tiende a infundirnos temor e incertidumbre. Normalmente radica ese temor en que hemos depositado nuestra confianza precisamente en aquellas cosas y personas que cambian, que son inciertas, que son inestables y que además no son perfectas.

Tendemos a construir nuestra vida sobre arena (Hebr.13:5-6 / Mt.6:25 / Mt.7:24-27). O como lo dice la Biblia en otro lado: confiar en Egipto, en sus carros, en su gente y en su fuerza es una trampa con resultados costosos (Is.31:1 / Is.30:16 / Is.36:10 / Sal.33:16-17 / 2Cron.16:7 / Jer.2:13 / Jer.17:5 / Sal.146:3-5).

La mirada fijada en el SEÑOR Jesús, quien no cambia es la que nos da la seguridad y la visión correcta para vivir una vida en paz, una vida que sobrevive con paciencia (perseverancia) los momentos difíciles, y que además ayuda a marcar la diferencia en un mundo cambiante, caótico y lleno de imprevistos. Jesucristo es la firme Roca en la cual debemos anclar nuestra fe.

La confianza en la Roca eterna, en aquel que no cambia nos asegura firmeza/estabilidad en nuestro caminar diario. (Hebr.12:1-3 / Is.45:22 / Miq.7:7 / Jn.6:40 / Jud.20-21 / Is.17:7-8 / Sal.37:3-7 / Sal.115:9-11 / Sal.125:1 / Is.12:2 / Is.26:3-4 / Jer.17:7-8 / Prov.3:5-6).

El SEÑOR bueno y perfecto es el mismo siempre y no cambia como una sombra en movimiento (Stg.1:17 / Apoc.1:8); SU poder divino es el mismo siempre y cada generación puede contar con ese poder (Hch.1:8 / Is.41:4); El mensaje, La Palabra de Dios, es el mismo – no hay que añadirle nada ni quitarle algo. Es el mismo mensaje para todas las generaciones y todos los tiempos. Ese mensaje es la Verdad (2Tim.3:16-17 / Mt.28:18-20); Las promesas de Su amor y de Su presencia son las mismas para todas las generaciones (Sal.103:17 / Mt.28:18-20); Si Dios demostró en el pasado SU amor en Cristo rescatándonos de la perdición, lo seguirá haciendo hoy (Hebr.2:17-18 / Hebr.4:14-16). EL ES DIGNO DE NUESTRA CONFIANZA.

Y recuerde que el llamado también sigue siendo el mismo (Jn.14:12 / Mt.28:18-20 / Mt.10:7 / Mt.4:19).

FRENTE A TANTA INCERTIDUMBRE Y LOS CAMBIOS EN EL MUNDO:

“El SEÑOR es mi fortaleza y mi escudo; confío en él con todo mi corazón. Me da su ayuda y mi corazón se llena de alegría; prorrumpo en canciones de acción de gracias” (Sal.28:7) NTV

Además, CUIDARÉ DE ESTAR PLANTADO JUNTO AL RÍO DE AGUA VIVA:

“Pero benditos son los que confían en el SEÑOR y han hecho que el SEÑOR sea su esperanza y confianza. Son como árboles plantados junto a la ribera de un río con raíces que se hunden en las aguas. A esos árboles no les afecta el calor ni temen los largos meses de sequía. Sus hojas están siempre verdes y nunca dejan de producir fruto” (Jer.17:7-8) NTV

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