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viernes, 21 de septiembre de 2018

Justificados por Gracia


"Pero ahora, tal como se prometió tiempo atrás en los escritos de Moisés y de los profetas, Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere. Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados"  (Rom.3:21-24) NTV

En Romanos 3, Pablo explica que la justicia (estar en correcta relación con Dios) no está relacionada con el cumplimiento de las exigencias de la ley (Rom.3:21). Con esto quiere decir que el estar en buena relación con Dios no se alcanza a través de sistemas de conducta humana, sea que estén basados en la ley de Moisés o en otro código de conducta. Más bien, la salvación viene libremente por Su gracia, como regalo inmerecido (Rom.3:24).
Dios ha actuado en Cristo para proporcionar el único medio posible para la salvación de los humanos, y es totalmente inmerecido. Se puede obtener solo a través de la fe en Cristo. Su muerte, sepultura y resurrección son la base de nuestra salvación, y nada se le puede quitar y nada se le puede añadir. Es una cuestión de gracia (favor inmerecido) por parte de Dios y fe por el lado humano (Ef.2:1-10).

La Gracia está directamente ligada a Cristo. No fue solamente una corazonada de Dios que lo llevó en algún momento a expresar gracia, perdón, aceptación, todo en favor de nosotros los humanos. Para que la justicia fuera totalmente satisfecha era necesario que aquellos que pecaron, y todos pecaron (Rom.3:23), fueran castigados (Rom.6:23).
La única alternativa que existe para que los humanos pecadores no experimenten el castigo merecido es la muerte de Cristo, el Hijo de Dios - Cristo muriendo por nosotros (Hebr.9:12-15 / 1Pe.1:18-19 / 1Pe.2:24 / 1Pe.3:18 / 1Jn.4:10 / Apoc.5:9). La salvación de los pecadores es solamente a través de la gracia. No hay nada bueno en nosotros ni nada bueno podemos hacer para obtener el favor de Dios. La única salida es Cristo. Solo nos queda venir a Jesús y arrojarnos delante de ÉL, confiar en Su misericordia y amor infalibles, así como lo dice Su Palabra. Él nos compró con Su sangre. y nos ofrece vida eterna a todos aquellos que creen en Él.

A DIOS SEA LA GLORIA Y LA ALBANZA Y LA ADORACIÓN: ". . . para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre  nosotros en el Amado. En El tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros  pecados según las riquezas de su gracia" (Ef.1:6-7) LBLA

viernes, 3 de agosto de 2018

La liberación de los sufrimientos (Rom.8:18-23)


"Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora.Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo" (Rom.8:18-23) LBLA

Todos los cristianos sufren y experimentan en algún momento de la vida aflicciones. La palabra sufrimientos hace alusión a todo tipo de sufrimientos que una persona pueda experimentar en la vida. Estos sufrimientos, luchas y aflicciones pueden ser de índole material, emocional, espiritual, físicos (enfermedades, persecución, pérdidas, lucha espiritual, abuso, envejecimiento, dolor, debilidad, etc.) (Hch.14:22). El que pasemos por sufrimientos nos recuerda constantemente que aun no hemos llegado al cielo ni a la nueva tierra donde no habrá llanto ni dolor (Apoc.21:1-4). Sin embargo, es importante notar que el sufrimiento no es sin propósito.

  • Sufrimos a fin de que seamos glorificados con Cristo (Rom.8:17). 
  • Los sufrimientos y las aflicciones son necesarias para probarnos, purificarnos e invitarnos a vivir una vida ordenada delante de Dios y del prójimo (2Pe.1:6-7 / Hebr.12:5-11 / Lc.13:1-5). 
  • Los sufrimientos hacen que el creyente dependa cada vez más de Dios (2Cor.1:8-11). 
  • Los sufrimientos nos hacen mejores servidores y ministros (2Cor.1:3-6).

Los sufrimientos, aflicciones y luchas que experimentamos en esta vida no es nuestro final ni nuestra meta. Hay una gloria que será revelada y que no se puede comparar con nada vivido en esta tierra (Rom.8:18 /Col.3:4 / 2Tes.1:7-12,14 / 1Pe.4:13 / 1Pe.5:1 / 1Jn.3:2).

La creación entera sufre las consecuencias del pecado. Ella fue sometida a vanidad - no alcanza los resultados para los cuales fue creada. Hay una interrelación entre los humanos y el bienestar de la tierra. Lo que vemos hoy ocurrir en el mundo no es el plan original de Dios con la creación (Rom.8:19-20). La creación sufre los efectos del pecado, está bajo maldición, sufre violencia, es profanada - todo esto por el pecado de los humanos. La creación no buscó ser condenada a la corrupción. Por la causa del hombre fue sometida a maldición (Gn.3:17-19 / Gn.5:29 / Gn.6:13 / Is.24:5-6 / Jer.12:4,11 / Jer.14:5-6 / Os.4:3 / Joel 1:18).

La otra realidad es que la creación está esperando ansiosamente (estira la cabeza en una espera anhelante y profunda de algo proveniente de un cierto lugar / Rom.8:19,23 / Filp.1:20) el momento cuando los hijos de Dios serán glorificados. Entonces llegará el momento en el que Dios crea cielos nuevos y tierra nueva (Is.65:7 / Hch.3:21 / 2Pe.3:11-13 / Apoc.21:1-5). Mientras tanto la tierra gime y sufre dolores de parto hasta ahora, queriendo ver cumplir el plan de redención divino - ella fue sometida a vanidad en la esperanza de que ella misma será también liberada de la corrupción (Rom.8:20-22). En la revelación de los hijos de Dios la creación también será liberada de la corrupción y de la maldición que experimenta por culpa de los humanos (Rom.8:21 / 2Pe.3:10-13).

Como creyentes en Cristo tenemos viviendo en nosotros el Espíritu Santo y con ello ya experimentamos la primicia (primer fruto) de lo que ha de venir en su plenitud. El Espíritu Santo en nosotros es el primer fruto de lo que será la total cosecha/resultado de la cruz. Ya hemos comenzado a vivir la vida abundante y eterna. Si el primer fruto es tan sabroso, entonces ¿cómo será la plenitud? (Rom.8:15-16,23-27 / Rom.5:5 / 2Cor.5:5 / Ef.1:14).
Pero la perfección aun no se manifiesta. Por eso el creyente, igual que el resto de la creación, gime en su interior anhelando la redención de su cuerpo - queremos ser librados completamente de los sufrimientos y limitaciones de este mundo (Filp.3.20-21 / 2Tim.4:8 / Tit.2:13 / Hebr.9:28 / 1Jn.3:2 / Lc.21:28 / Ef.1:4 / Ef.4:30 / 1Cor.15:50,53-53 / 2Cor.5:2).

Entendiendo lo que se nos viene esperamos, en medio de cualquier sufrimiento, la intervención final de Dios; la esperamos con paciencia, cuidando nuestro caminar con Cristo y sirviendo a Dios y al prójimo como Dios manda (Rom.12:12 / Hebr.6:12,15 / Stg.5:7-11 / Sal.37:7-9 / Sal.62:1,5-6 / Sal.130:5-7 / 2Tes.3:5 / Hebr.10:36 / Hebr.12:1-3 / Stg.1:3-4 / Apoc.1:9 / Apoc.14:12).
Nuestra espera no es fatigosa ni frustrante. Es una espera llena de expectación y de gozo. Por fuera vivimos los desafíos de un mundo afectado por el pecado, tenemos que enfrentar dificultades, sufrimientos, muerte, corrupción, etc. Pero recordamos que el cristiano no vive solo en este mundo - también vive en Cristo y el Espíritu Santo vive en él. No miramos solo hacia este mundo sino hacia arriba de donde nos viene toda ayuda para salir adelante en esta vida y luego vivir la plenitud de la redención.
Vemos la destrucción que trae el pecado, pero también vemos a Dios y Su poder, Su misericordia, Su amor y Sus promesas de vida. El cristiano no espera la destrucción final y la muerte eterna, sino la vida eterna y la manifestación total de la salvación divina.
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