“Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1Pe.5:8-9) LBLA
El caminar de la mano de Dios no permite que nos descuidemos en cuanto a la manera de vivir nuestra fe y practicar nuestro ministerio. El cristiano tiene un enemigo externo y por eso debe andar alerta. Ese enemigo es una realidad espiritual que no podemos desestimar. El enemigo de Dios y de los creyentes busca destruir nuestras vidas sembrando mentiras para que tomemos las decisiones equivocadas (Jn.10:10 / 2Cor.2:11 / Stg.4:7 / Mt.13:25.39 / 1Tim.4:1 / Mt.24:24 / 2Cor.11:13-15).
Ser sobrio significa estar libre de aquello que nos embriaga (no siempre tiene que ser una bebida embriagante; también pueden ser filosofías, mitos, ideas, cosas que nos fascinan y nos envuelven alejándonos de la realidad o llevándonos por caminos errados). Estar alerta significa estar vigilante, no laxo, no indiferente, no dormido (Rom.13:11-13 / 1Tex.5:6-8 / 1Tim.3:11 / Tit.2:2.12 / Mt.26:40-41).