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Jesús el Sanador

“Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste que yacía en cama con fiebre. Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía. Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades” (Mt.8:14-17).

(Mr.1:39-42 / Mt.10:1.8 / Mr.16:15-20 / Jn.14:12-14 / Hebr.13:8)

Los Evangelios narran un gran número de episodios en los que Jesús sanó a los enfermos (Mt.8:14-17 / Mt.9:22 / Lc.6:10 / Mt.15:28 / Hch.2:22). Jesús no solamente sanó a los enfermos sino que también entrenó a sus discípulos a sanar a los enfermos. Jesús envía a sus servidores a predicar el Evangelio y a sanar a los enfermos (Mt.10:1.8 / Mr.16:15-20). Los apóstoles siguieron este ministerio una vez que Jesús había ascendido al cielo (Hch.3:6 / Hch.9:36). Además notamos que Dios da dones de sanidad a la iglesia para que a través de ellos en la iglesia se ministren los unos a los otros (1Cor.12:9-10).




Vernon Purdy nombra diferentes razones por las cuales Dios aun sana hoy día. Las razones principales se resumen de la siguiente manera:
  • La sanidad se encuentra en la Biblia. Allí aparece Jesús como sanador y Él es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebr.13:8). Hay una gran continuidad en la persona, el carácter y la obra de Cristo después de su muerte, resurrección y ascensión.
  • La sanidad divina se encuentra dentro de la obra expiatoria de Cristo. La enseñanza bíblica sobre la sanidad es paralela a su enseñanza sobre la salvación (Sal.103 / Isa.53).
  • El Evangelio es para la persona completa: espíritu, alma y cuerpo. Dios jamás separa en diferentes secciones al hombre como tal, sino que lo ve como una unidad. Dios está en el plan de restaurar al hombre en su totalidad.[1]


Al terminar Jesús el sermón del monte la gente estaba atónita por las enseñanzas de Jesús, también se maravillaban de Su sabiduría y de la autoridad de Sus enseñanzas (Mt.7:29). Jesús no es solamente un buen predicador, quien con Sus palabras convence a los oyentes, sino que Él es Sabiduría de Dios y poder de Dios (1Cor.1:24). La sabiduría de Dios se puede oír y el poder de Dios se puede ver. Este poder lo vemos en Mt.8 y en Mt.9 hecho una realidad. Jesús es el Señor sobre todas las cosas:
  • Jesús es Señor sobre toda enfermedad. Sanó a un leproso (Mt.8:1-4). Sanó al siervo de un centurión (Mt.8:5-13). Sanó a la suegra de Pedro (Mt.8:14-17). Jesús sana un paralítico (Mt.9:1-8).También sanó a los ciegos y a un mudo (Mt.9:27-34).
  • Jesús es Señor sobre la naturaleza. Jesús calma una tempestad (Mt.8:23-27).
  • Jesús es Señor sobre los poderes demoníacos, El liberó a los endemoniados gadarenos (Mt.8:28-34).
  • Jesús es el Señor sobre la muerte (Mt.9:18-26).

Dios es un Dios que hace milagros y sana a los enfermos. El Señor está más dispuesto a sanar y a hacer milagros de lo que estamos nosotros. El sí quiere sanar (Mr.1:39-42). No podemos limitarnos a una fe meramente intelectual. Jesús es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebr.13:8). El que fue activo en la creación, también hoy está activo en la iglesia con poder (Col.1:16-17).

A veces la enfermedad sirve como un medio para disciplinar (Sal.30), pero generalmente la enfermedad es algo de lo cual el Señor nos quiere redimir.


 ¿Puede el creyente en Cristo sufrir?

El creyente sí pasa por momentos de adversidad, sufrimientos y enfermedad.  “¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas. ¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor” (Stg.5:13-14). La palabra sufrir que se usa aquí (en griego es “kakopatheo”) significa accidente; experimentar un mal o una aflicción. La palabra que se usa aquí para enfermedad (en griego es “astheneo”) habla de debilidad, estar sin fuerza o enfermo (Mt.10:8 / Mt.25:36.39 / Mr.6:56 / Jn.11:2)

Ejemplos de personas que pasaron por momentos difíciles y de adversidad:
  • Abraham (Gn.22:1-19).
  • José (Gn.37:5-9.28; Gn.39:20; Gn.41:40).
  • David (1Sam.30:1-6).
  • Pablo (Hch.19:23-33; Hch.21:27-36; Hch.27:9-26).
  • La vida cristiana no es una vida sin problemas. Hay ataques del enemigo. Ahí está el conflicto interior entre la carne y el espíritu. Experimentamos tentaciones, pruebas, situaciones que están fuera de nuestro control como: enfermedades, accidentes, cansancio, presiones, persecución, etc.


 ¿Cuáles son las diferentes causas por las cuales hay adversidades y enfermedades?

  1. Por causa del pecado
    • Adán y Eva desobedecieron y esto resulto en maldición (Gn.3:6-19).
    • Jonás se negó a cumplir una orden divina y experimentó una gran tempestad y fue echado al mar (Jon.1:2-15).
    • Acán se dejó guiar por la codicia y desobedeció una orden de Dios. Toda su familia muere y el también (Jos.6:18-19 / Jos.7:20-25).
    • Los creyentes en Corinto tomaban la cena indignamente y no respetaron al prójimo. Esto resulto en enfermedad y en una muerte prematura (1Cor.11:27-33)
    • Giezi se dejó llevar por la codicia y esto le resulto en una enfermedad (2Re.5:26-27).

La solución para estos casos:
En el caso de que una persona entienda que la causa de sus problemas, adversidades o aun enfermedad tiene como raíz un pecado,  entonces puede proceder de la siguiente manera para traer una solución:
o   Confesar los pecados a Dios y los unos a los otros (1Jn.1:9 / Stg.5:16).
o   Apartarse de los pecados (Prov. 28:13).
o   Oír atentamente a la voz de Dios en Su Palabra (Dt.28:1) y ponerla por obra para que las maldiciones (Dt.28:15) se tornen en bendiciones (Dt.30:1-10). Compare también: Jos.1:8 / Sal.1:1-3.

El perdón de Dios no elimina siempre en su totalidad las consecuencias del pecado a nivel humano (Gal.6:7-8). Por ejemplo, si un hombre se separa de su esposa y de sus hijos para ir a vivir con otra mujer y si con esta última también tiene hijos, y más tarde se arrepiente, naturalmente es perdonado por Dios. Él puede regresar donde su esposa con la cual está casado legalmente, pero tendrá que proveer posiblemente también para la otra “familia” y vivir con esta situación, si es que no se soluciona de otra manera. David perdió a su hijo (2Sam.12:13-14). Si un alcohólico se arrepiente recibe perdón, pero puede ser que muera ya que el hígado está afectado.


  1. Por la condición del mundo actual:

Otra razón de las adversidades es que el mundo está bajo la influencia de Satanás y está contaminado por el pecado. Satanás quiere obligar a la gente a estar bajo su sistema y poderío (1Jn.5:19 / Lc.4:5-6). Aunque el creyente es una nueva criatura, todavía está sujeto a diferentes leyes de este mundo contaminado y por esto también sufre en este mundo.
Ejemplos de adversidades por la condición del mundo actual:
  • Accidente (Hch.20:9).
  • Enfermedad (Filp.2:25-27).
  • Muerte (2Tes.4:14).
  • Necesidad material (Hch.11:27-29).
  • Peligros de la naturaleza (Hch.28:3).
Claro está que Dios puede intervenir en estas situaciones, pero también tenemos que aprender a vivir con ellas en ciertos momentos.

La solución para este tipo de adversidades:         
  • Practique la “oración de fe” (Stg.5:13). Dios puede cambiar la situación. Él puede hacer milagros.
  • Permita que Dios se glorifique a través de estas adversidades en su vida y en la de otros, sea que sane o que traiga solución o sea que no (Rom.8:28).
  • Busque el propósito que Dios tiene con estas situaciones para su vida y la de su familia (Filp.1:12-14).
  • Gloríese en defectos físicos inalterables. Dé un nuevo significado a sus viejos “defectos”: 1. Estos son marcas de propiedad (1Cor.6:20). 2. Estos son estímulos para desarrollar cualidades internas – un carácter cambiado a la imagen de Jesús. 3. Estos son medios para ayudarnos a ser mejores siervos (Mr.10:44; 2Cor.1).
  
  1. Con propósito de enseñanza
Dios usa las adversidades para cambiar nuestra vida, para corregirnos y disciplinarnos (Hebr.12:5-6.10). Para probar la actitud de nuestro corazón (Dt.8:2). Para purificar nuestra fe (el metal es purificado con fuego, para eliminar la escoria) (1Pe.1:6-7). Para poder entender los sufrimientos de otros y poder ayudar a aconsejar con la actitud correcta (2Cor.1:4). Para enseñarnos paciencia (Rom.4:18-19: Abraham – la promesa que demoró en realizarse en su vida (Stg.1:2-3). Para protegernos de altivez y mantenernos humildes (2Cor.12:7).

No debemos pensar que las adversidades producen siempre en todos algo valioso y bueno. Algunos se desesperan, se amargan, empiezan a odiar y hasta pierden el último poco de fe que tienen (Mt.13:20-21 / Hebr.10:38-39 / Hebr.11:25). Pero todo depende de nuestra actitud y reacción frente a las adversidades (Rom.8:28 b).


  1. Por causa de un testimonio fiel
Hay dos reinos: El Reino de Dios y el reino de Satanás. Todas las personas pertenecen a uno u otro de ellos (Jn.15:18-21). Estos dos reinos están continuamente en conflicto. El cristiano experimenta las dinámicas de esta lucha diariamente (Mt.10:16-18). Esta lucha muchas veces se manifiesta en que los que están bajo el poder de Satanás persiguen o se burlan de los que pertenecen al Reino de Dios (2Tim.3:12).

¿Cómo nos debemos comportar en tales situaciones?
·         Contando con esta clase de ataque. Con gozo, estimándolo un privilegio de ser afligido por la causa de Cristo. Sin avergonzarse, glorificando a Dios. Encomendándonos a Dios. Haciendo el bien (1Pe.4:12-19).
  • No inquietarnos, no tambalear (1Tes.3:2-3).
  • Gozarse (Hch.5:41 / Lc.6:22-23).
  • Orar por los enemigos y bendecirlos (Rom.12:14 / Mt.5:44-45).

Explicar la razón de todos los sufrimientos es una tarea muy difícil, ya que las causas de los sufrimientos son muy diferentes, como también los propósitos. Es importante que en esos momentos nos encomendemos a Dios y esperemos en El para que nos ayude en tales situaciones a seguirle a Él, a pesar de todo lo que experimentemos en este mundo.


¿Cuáles son las causas de las enfermedades?

Al crear Dios al hombre lo creó muy bien, sin enfermedad ni imperfecciones (Gn.1:26-31). Es el pecado que trae la destrucción de nuestro cuerpo (Stg.1:13-15). Aunque en el punto anterior estudiamos las razones de las adversidades en nuestra vida, debemos apreciar más de cerca las razones por las cuales alguien puede experimentar enfermedad:
  • El pecado puede ser la razón de la enfermedad (Ex.7 / Lev.12 / 2Re.5:27 / 2Cron.26:18ss / 2Re.16:2 -13 / 1Cor.11:29). Al pueblo de Israel se le enseñó claramente que la obediencia a los mandamientos de Dios trae sanidad y bienestar (Ex.15:26 / Dt.28:1 ss / Sal.41:2-4 / Prov.3:7-8 / Prov.4:20-23 / Malq.3:18). En el A.T. la enfermedad aparecía frecuentemente como juicio sobre aquellos que habían pecado (Ex.7 / Lev.12 / 2Cron.21:18 / 2Cron.36:16 / Jer.46:11 / Prov.29:1). Pero no podemos hacer de eso una deducción general diciendo que toda enfermedad es un juicio de Dios sobre la persona actualmente enferma.
  • La enfermedad puede ser un ataque directo de Satanás (Job.2:7 / Hch.10:38 / Lc.13:16 - Aquí se habla de un espíritu de enfermedad). Podemos darle a Satanás la oportunidad de golpearnos con enfermedad, al darle lugar a través de un pecado (Mt.18:34).
  • También nos podemos enfermar al no cuidar debidamente nuestros cuerpos (1Tes.4.4 / Filp.2:30). Ese descuido puede ocurrir por: no darle el debido descanso, mala alimentación, problemas emocionales y espirituales, alcohol y drogas, falta de higiene, muy poco ejercicio, etc.
  • Para que se manifiesten las obras de Dios (Jn.9:1-2). Hay enfermedad que no es por responsabilidad personal. Muchas veces no vamos a poder determinar con exactitud todas las causas de una enfermedad. Vivimos en un mundo contaminado y  mientras estemos en esta tierra fácilmente nos podemos enfermar. Pero ahí el Señor nos provee la sanidad divina.

La enfermedad es indirectamente el resultado del pecado, pero no siempre es directamente el resultado de un pecado personal. Muchas enfermedades vienen por las bacterias, los virus, la comida incorrecta, el medio ambiente, etc. Dios no es el autor de las enfermedades, aunque a veces las usa para un propósito específico como en el caso de Job, pero después trae la sanidad y el bienestar.


 ¿Cuál es la voluntad de Dios respecto a la sanidad?

 Sanidad en el A.T.

En el A.T. la sanidad está directamente relacionada con la obediencia a Dios (Ex.15:26 ss / Lev.26:16 / Dt.28 / Sal.41:2-4 / Prov.3:7-8 / Prov.4:20ss / Malq.3:20). Estos consejos y mandamientos también se aplican en el N.T. El estrés que es causado por el pecado tiene consecuencias que en muchos casos son enfermedades. Piense también en las enfermedades venéreas y las consecuencias de la amargura - son resultados de la desobediencia a los mandamientos de Dios.

Dios es el Dios Sanador (Ex.15:26 / Ex.23:25 / Dt.7:15). En el A.T. los creyentes esperaban que Dios los sanara (1Re.8:22-38). El mensaje de la salvación incluye la sanidad y la liberación de ataduras demoníacas (Isa.61:1ss / Isa.53:3-5 / Isa.57:17-19 / Jer.30:17).

En el A.T. tenemos además una serie de testimonios de sanidades (2Re.4:17-37 / 2Re.5:1-14 / Isa.38:1-5,21). Los salmistas dan testimonio de sanidades (Sal.30:2 / Sal.103:3 / Sal.107:1-20). Los líderes reciben una fuerte amonestación porque han dejado a un lado el sanar al pueblo (Eze.34:4 / Zac.11:16). El pueblo que busca a Dios tiene una promesa de sanidad (Isa.19:22).

Vemos claramente que en el A.T. Dios quiere sanar, que puede sanar y que ha sanado. La sanidad pertenece claramente a las bendiciones de Dios.

Sanidad en el Ministerio de Jesús

La persona que solo mira superficialmente los Evangelios, se da cuenta que a los milagros de Jesús se les da mucha importancia. El sanar a los enfermos juega un papel importante en el ministerio de Jesús. Jesús tomó mucho tiempo sanando a los enfermos y es difícil creer que eso solamente haya sido un asunto para aquellos tiempos y que no tenga relevancia en nuestros días. El poder de Jesús no se ha agotado.

Jesús estuvo en este mundo para hacer la voluntad de Su Padre (Jn.4:34 / Hebr.10:7). El solo hacía lo que veía hacer a Su Padre (Jn.5:19 / Jn.8:28,38 / Jn.14:10). Jesús mismo confirma al comienzo de Su ministerio que El estará sanando a los enfermos (Isa.61:1-2 / Lc.4:18). La marca de identidad de Jesús frente a Juan el Bautista fueron los milagros (Lc.7:22 / Mt.11:3-5) – Nos debemos preguntar si esa también es la marca de la iglesia de Cristo hoy día.
·         A través de los milagros Jesús confirmó Su divinidad. Él es el Señor sobre cualquier poder de este mundo (Mt.8). Hoy también necesitamos la manifestación de Su poder. Jesús es mayor que cualquier ídolo, Él no es una filosofía. Él es Sabiduría de Dios, pero también Poder de Dios (1Cor.1:24).
·         Jesús vino a destruir las obras del diablo (1Jn.3:8 / Mt.11:4-5).
·         Jesús no vino únicamente a este mundo para salvar nuestras almas, sino también a redimir nuestros cuerpos. La salvación incluye el espíritu, el alma y el cuerpo. Y aunque en este mundo no experimentemos la total redención de nuestros cuerpos, sí podemos experimentar ya un adelanto de ello a través de la sanidad (Sal.103). En la resurrección vamos a recibir un nuevo cuerpo que no tendrá ninguna debilidad ni enfermedad (Rom.8:11).
·         Jesús fue movido por la misericordia y por eso sanaba (Mr.1:40-41).
·         El cumplió con las profecías del A.T. que hablaban de sanidad (Mt.8:16-17 - Isa.53:4).

Sanidad en el Ministerio de los Apóstoles

Las sanidades ocurren en el libro de los Hechos con la misma naturalidad que en los Evangelios. Nunca fue ni es el plan de Dios que las sanidades dejen de ocurrir. La iglesia es más que solo una organización que debe hacer algunos servicios sociales y guardar un sistema doctrinal y cumplir con algunos ritos religiosos. Los milagros en el libro de los Hechos no ocurrieron porque los apóstoles y los primeros cristianos hayan sido mejores cristianos, más bien vemos que es el Espíritu Santo él que hace las obras y ese mismo Espíritu es el que nos quiere guiar, a su pueblo, en estos días.
  • Jesús dijo que estas son las señales que seguirán a los que creen en Su nombre (Mr.16:17-20). De hecho vemos en la Biblia que Él nos envía a sanar a los enfermos, este asunto es parte de la comisión de Jesús a sus discípulos (Mt.10:6-8).
  • Los apóstoles estaban convencidos que era la voluntad de Dios sanar a los enfermos (Hch.2:22 / Hch.10:38)
  • La predicación de la Palabra de Dios ocurrió con la demostración del Espíritu (1Cor.2:4).
  • El Reino de Dios no consiste en palabras sino en poder (1Cor.4:20).
  • Donde ocurren milagros y sanidades está el Reino de Dios presente (Lc.10:9 / Lc.11:20).
  • Dios da dones de sanidad a la iglesia. Si no fuera la voluntad de Dios que en la iglesia se experimenten sanidades, entonces Dios no daría esos dones a la iglesia (1Cor.12).
  • La iglesia ora por sanidades. El fruto de esas oraciones lo podemos apreciar en Hch.5:12 (Hch.4:30).
  • El Evangelio no solamente fue predicado con palabras sino en poder y con el Espíritu Santo (1Tes.1:5).

Dios espera de los creyentes que ejerzan el ministerio de la misma manera como Él lo ejerció. Para eso Jesús dio autoridad a los discípulos. Dios autoriza a los creyentes para sanar a los enfermos (Mt.10:1.8 / Mt.28:18-20 / Mr.16:15-20 / Jn.14.12-14 / Hebr.13:8). Hay aquellos que piensan que las sanidades solo son una bendición material y dicen que más importantes son las bendiciones espirituales. Pero una sanidad divina es igualmente una bendición de Dios y la bondad de Dios nos lleva al arrepentimiento. Debemos ver al hombre como un ser completo y no separarlo por partes.

  
 ¿Cuáles son los caminos para recibir la sanidad divina?


Hay dos condiciones, según Santiago, que debemos cumplir para poder recibir sanidad: Orar y tener fe en Dios (Stg.4:2-3 / Stg.1:5-8). Una de las razones por las que la gente no tiene fe en la sanidad divina es la falta de la predicación sobre este tema (Rom.10:17). Debemos seguir el llamado de Santiago y entender que sí podemos orar por los enfermos (Stg.5:13-16). Primero tenemos que reconocer que también los creyentes se pueden enfermar y eso nos debe llevar a orar los unos por los otros (Filp.2:25-30 / 1Tim.5:23). La práctica que propone Santiago aquí también es para nosotros hoy día. Si no fuera así, tendríamos que preguntarnos si la Santa Cena y el Bautismo en agua son válidos en estos días. Lo que debemos hacer:
·         Llamar a los ancianos. Se trata de los ancianos de su iglesia, por eso comprométase con un cuerpo local que le será de gran bendición. Los ancianos o creyentes maduros tienen la tarea de apoyo en oración (Ex.17:11-14) y de consejería. La ayuda debe ser para el alma y el cuerpo. No se trata de rechazar a los médicos, sino más bien de poner la situación en las manos de Dios.
·         La fe juega un papel importante.
·         No es el aceite ni los ancianos los que sanan al enfermo. Dios es el que lo levanta. El aceite es un símbolo para el Espíritu Santo y nos recuerda que la obra es de Dios. No debemos creer en poderes mágicos del aceite. Jesús sanó y usó diferentes métodos (Mt.8:1-4 / Mt.8:5-13 / Hch.5:14-15 / Hch.19:11-19  Mr.6:11-13). La fórmula no es lo importante. Lo importante es Jesús, quien es el Sanador y a Él es a quien debemos buscar primero.
·         Si alguien no recibe sanidad inmediata debería tomarse tiempo para estudiar la Biblia, además puede seguir orando y si es posible, entonces ayunar para que la fe sea fortalecida (Mt.8:13 / Mt.15:28 / Mr.5:34 / Mr.2:5 / Lc.7:50 / Lc.18:35 ss).
·         El pecado puede ser una razón de la enfermedad y por eso el arrepentimiento es el primer paso que debemos dar para recibir sanidad.
·         También podemos orar los unos por los otros (Stg.5:15-16). Elías es un ejemplo que nos anima a orar con perseverancia para obtener de Dios la sanidad y ver las maravillas de Dios en nuestras vidas (1Re.18). No tenemos que esperar a los super-evangelistas para que oren por sanidad.
·         Sanidad natural y sanidad sobrenatural no se eliminan mutuamente. Pero debemos reconocer que la iglesia tiene una tarea de parte de Dios.


¿Por qué no sanan todos?

Resumo a continuación lo que John y Sonja Decker[2] nos enseñan respecto a esta pregunta: Dios es soberano. Él puede elegir sanar a alguien milagrosamente sin ninguna o poca participación humana. Nosotros quisiéramos que Dios lo hiciera más a menudo. De ser así estas enseñanzas no serían necesarias. La verdad es que Dios ha provisto un medio para que su cuerpo (la iglesia), trabajando junto con el Espíritu Santo, facilite la sanidad de aquellos que vienen a Él en fe. Él no solamente puede sanar a los enfermos, Él está dispuesto a sanarlos. Nosotros contendemos en oración de acuerdo a nuestro mejor entendimiento y la guía que recibimos por el Espíritu Santo en cada uno de los casos en particular y dejamos los resultados en las manos de un Dios de gracia y amor.

Dios en su infinita sabiduría tiene la respuesta para quienes no reciben sanidad. Esto sigue siendo un misterio para cualquier ministro sincero que predica a Jesucristo como sanador. Por experiencia sabemos que no todos son sanos. Muchos lo son, pero no todos. A la final debemos confiar en Su misericordia y no en nuestro deseo, esfuerzo, o fórmulas de fe (Rom.9:14-16). No incluir este principio bíblico en la discusión tocante al tema de la sanidad, es ignorar la soberanía de un Dios amoroso que en última instancia decide quién recibe sanidad y quién no (Filp.2:26-27 / 2Tim.4:20). Nosotros oramos por los enfermos, no porque Dios garantiza la sanidad en todo caso; nosotros oramos porque Él ha declarado que está dispuesto a sanar – Jesús es el Sanador. El resultado final depende de Él.


Conclusión
“La cruz de Cristo, junto con la resurrección, es el corazón de la fe cristiana; es la médula del mensaje del evangelio. En la cruz, al pecado y a la enfermedad se les despojaron de su aguijón. Cuando miramos hacia la cruz, vemos a Jesús con las manos, los pies y el costado heridos; un segundo vistazo revela una tumba abierta y sabemos que la redención de la maldición del pecado tan largamente tipificada se ha hecho; nuestra esperanza surge por encima de las nubes cuando vemos a Jesús exaltado por nosotros. ‘Por su llaga fuimos nosotros curados’ (Isa.53:5)”.[3]



[1] Stanley M Horton, editor, Teología Sistemática. Deerfield, Fl.: Editorial Vida 1996, P.493.
[2] Haciendo lo que Jesús hizo, John y Sonja Decker. Foursquare Media 2008, pag155.
[3] Jack Hayford, editor general, y Nathaniel van Cleave, La salud que nos da Dios. Miami, Fl.: Editorial Caribe 1995, P.23.

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