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Aprender a sanar a los enfermos

“Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste que yacía en cama con fiebre. Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía. Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades” (Mt.8:14-17) (La Biblia de las Américas)

Mr.1:39-42 / Mt.10:1.8 / Mr.16:15-20 / Jn.14:12-14 / Hebr.13:8

Los Evangelios mencionan un gran número de episodios en los que Jesús sanó a los enfermos (Mt.8:14-17 / Mt.9:22 / Lc.6:10 / Mt.15:28 / Hch.2:22). Jesús no solamente sanó a los enfermos sino que también entrenó a sus discípulos a sanar a los enfermos. Jesús envía a sus servidores a predicar el Evangelio y a sanar a los enfermos (Mt.10:1.8 / Mr.16:15-20). Los apóstoles siguieren este ministerio una vez que Jesús había ascendido al cielo (Hch.3:6 / Hch.9:36). Además notamos que Dios da dones de sanidad a la iglesia para que a través de ellos, en la iglesia, los creyentes se ministren los unos a los otros (1Cor.12:9-10). Dios sí está interesado en sanar a los enfermos, es Su voluntad sanar a los enfermos.



Vernon Purdy nombra diferentes razones por las cuales Dios aun sana hoy día. Las razones principales se resumen de la siguiente manera:
  • La sanidad se encuentra en la Biblia. Allí aparece Jesús como Sanador y Él es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebr.13:8).
  • La sanidad divina se encuentra dentro de la obra expiatoria de Cristo. La enseñanza bíblica sobre la sanidad es paralela a su enseñanza sobre la salvación (Sal.103 / Is.53).
  • El Evangelio es para la persona completa: espíritu, alma y cuerpo. Dios jamás separa en diferentes secciones al hombre como tal, sino que lo ve como una unidad. Dios está en el plan de restaurar al hombre en su totalidad.[1]

Jesús no es solamente un buen predicador, quien con Sus palabras convence a los oyentes, Él es Sabiduría de Dios y poder de Dios (Mt.7:29 / 1Cor.1:24). Dios es un Dios que hace milagros y sana a los enfermos. El Señor está más dispuesto a sanar y a hacer milagros de lo que muchas veces lo estamos nosotros. El sí quiere sanar (Mr.1:39-42). Jesús es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebr.13:8). El que fue activo en la creación, también está actuando hoy con poder en la iglesia (Col.1:16-17).

¿Cuáles son las causas de la enfermedad?

Al crear Dios al hombre lo creó muy bien, sin enfermedad ni imperfecciones (Gn.1:26-31). Es el pecado que trae la destrucción de nuestro cuerpo (Stg.1:13-15):
  • El pecado puede ser la razón directa o indirecta de la enfermedad (Ex.7 / Lv.12 / 2Re.5:27 / 2Cron.26:18ss / 2Re.16:2-13 / 1Cor.11:29). Al pueblo de Israel se le enseñó claramente que la obediencia a los mandamientos de Dios trae sanidad y bienestar (Ex.15:26 / Dt.28:1s / Sal.41:2-4 / Prov.3:7-8 / Prov.4:20-23 / Mal.3:18).
  • La enfermedad puede ser un ataque directo de Satanás (Job.2:7 / Hch.10:38 / En la historia relatada en Lc.13:16 se habla de un espíritu de enfermedad).
  • También nos podemos enfermar al no cuidar debidamente nuestros cuerpos (1Tes.4:4 / Filp.2:30).
  • Para que se manifiesten las obras de Dios (Jn.9:1-2).

¿Cuál es la voluntad de Dios?
En el Antiguo Testamento observamos que la sanidad está directamente relacionada con la obediencia a Dios (Ex.15:26s / Lv.26:16 / Dt.28 / Sal.41:2-4 / Prov.3:7-8 / Prov.4:20s / Mal.3:20).
  • Dios es el Dios Sanador (Ex.15:26 / Ex.23:25 / Dt.7:15).
  • En el Antiguo Testamento tenemos una serie de testimonios de sanidades (2Re.4:17-37 / 2Re.5:1-14 / Is.38:1-5.21). Los salmistas dan además testimonio de sanidades (Sal.30:2 / Sal.103:3 / Sal.107:1-20). Los líderes, por el otro lado, reciben una fuerte amonestación porque han dejado a un lado el sanar al pueblo (Ez.34:4 / Zac.11:16). El pueblo que busca a Dios tiene una promesa de sanidad (Is.19:22).
Sanidad en el ministerio de Jesús. Jesús estuvo en este mundo para hacer la voluntad de Su Padre (Jn.4:34 / Hebr.10:7). El solo hacía lo que veía hacer a Su Padre (Jn.5:19 / Jn.8:28.38 / Jn.14:10). Jesús mismo insiste al comienzo de Su ministerio que El estará sanando a los enfermos (Is.61:1-2 / Lc.4:18). La marca de identidad de Jesús frente a Juan el Bautista fueron los milagros (Lc.7:22 / Mt.11:3-5) – nos debemos preguntar si esa también es la marca de la iglesia de Cristo hoy día.

Sanidad en el ministerio de los apóstoles: Las sanidades ocurren en el libro de los Hechos con la misma naturalidad que en los Evangelios. Nunca fue ni es el plan de Dios que las sanidades dejen de ocurrir.
  • Jesús dijo que estas son las señales que seguirán a los que creen en Su nombre (Mr.16:17-20). De hecho vemos en la Biblia que Jesús nos envía a sanar a los enfermos. Este asunto es parte de la comisión de Jesús a sus discípulos (Mt.10:6-8).
  • Los apóstoles estaban convencidos que era la voluntad de Dios sanar a los enfermos (Hch.2:22 / Hch.10:38)
  • La predicación de la Palabra de Dios ocurrió con la demostración del Espíritu (1Cor.2:4).
  • El Reino de Dios no consiste en palabras sino en poder (1Cor.4:20). Donde ocurren milagros y sanidades está el Reino de Dios presente (Lc.10:9 / Lc.11:20).
  • Dios da dones de sanidad a la iglesia. Si no fuera la voluntad de Dios que en la iglesia se experimenten sanidades, no daría esos dones a la iglesia (1Cor.12).
  • La iglesia ora por sanidades. El fruto de esas oraciones lo podemos apreciar en Hch.5:12 (Hch.4:30).
  • El Evangelio no solamente fue predicado con palabras sino en poder y con el Espíritu Santo (1Tes.1:5).

Dios espera de los creyentes que ejerzan el ministerio de la misma manera como Jesús lo ejerció. Para eso Jesús dio autoridad a los discípulos. Dios autoriza a los creyentes para sanar a los enfermos (Mt.10:1.8 / Mt.28:18-20 / Mr.16:15-20 / Jn.14:12-14 / Hebr.13:8).


¿Cuáles son los caminos para recibir la sanidad?
Hay dos condiciones que debemos cumplir para poder recibir sanidad: Orar y tener fe en Dios (Stg.4:2-3 / Stg.1:5-8). Una de las razones por las que la gente no tiene fe en la sanidad divina es la falta de la predicación sobre este tema (Rom.10:17). Además debemos tener en cuenta el llamado de Santiago, pedir apoyo en oración y si es necesario confesar pecados (Stg.5:13-16). Reconocemos que también los creyentes se pueden enfermar y eso nos debe llevar a orar los unos por los otros (Filp.2:25-30 / 1Tim.5:23). La práctica que propone Santiago también es para nosotros hoy día. Lo que debemos hacer según Santiago es:
·      Llamar a los ancianos. Los ancianos o creyentes maduros tienen la responsabilidad de apoyar en oración (Ex.17:11-14) y dar consejería. No se trata de rechazar a los médicos, sino más bien de poner la situación en las manos de Dios.
·        La fe juega un papel importante.
·      No es el aceite ni los ancianos los que sanan al enfermo. Dios es el que lo levanta. El aceite es un símbolo para el Espíritu Santo y nos recuerda que la obra es de Dios. No debemos creer en poderes mágicos del aceite ni de otros elementos similares. Jesús sanó y usó diferentes métodos (Mt.8:1-4 / Mt.8:5-13 / Hch.5:14-15 / Hch.19:11-19  Mr.6:11-13). La fórmula no es lo significativo. Lo importante es Jesús, quien es el Sanador y a Él es a quien debemos buscar primero.
·      Si alguien no recibe sanidad inmediata debería tomarse tiempo para estudiar la Biblia, además puede seguir orando y si es posible, entonces ayunar para que la fe sea fortalecida (Mt.8:13 / Mt.15:28 / Mr.5:34 / Mr.2:5 / Lc.7:50 / Lc.18:35s).
·     El pecado puede ser una razón directa de la enfermedad y por eso el arrepentimiento es el primer paso que debemos dar para recibir sanidad.
·        También podemos orar los unos por los otros (Stg.5:15-16). Elías es un ejemplo que nos anima a orar con perseverancia para obtener de Dios la sanidad y ver las maravillas de Dios en nuestras vidas (1Re.18).
·      Sanidad natural y sanidad sobrenatural no se eliminan mutuamente. Pero debemos reconocer que la iglesia tiene una tarea de parte de Dios.
  

Manos a la obra:

·         Jesús dijo que haríamos lo que Él hizo (Jn.14:12-14).
·         Practique haciendo lo que ha aprendido y recibido de sus mentores (Filp.4:9).
·         Practique escuchando al Espíritu Santo (Jn.16:13).
·        Pablo escuchó al Espíritu Santo y actuó según lo que entendía que el Espíritu Santo le indicaba que hiciera (Hch.14:8-10).
·      Jesús dijo vayan a orar por los enfermos (Mt.10:6-8). Esto es para nosotros hoy (Hebr.13:8). Empiece buscando a los que están enfermos o tienen dolor, y pregúnteles si puede orar por ellos.
·         Memorice escrituras que prometen sanidad y úselas en sus oraciones por los enfermos. Aquí una selección pequeña: Mt.8:17-18 / Mr.16:17-18 / Stg.5:14-15. Recuerde que la fe viene por el oír y el oír de la Palabra de Dios.
·         Pregunte a los enfermos qué creen que hará Dios por ellos.
·        Ore directamente al dolor o a la enfermedad. Por ejemplo: ‘La Biblia dice que la oración de fe sanará al enfermo, por eso vengo en el nombre de Jesús y ordeno sanidad a ese pie… u … ordeno que ese dolor de cabeza salga de ese cuerpo… etc.’
·       Evite preguntar, ¿Cómo se siente? (Esto anula la fe). Pregunte más bien: ¿Qué está ocurriendo en este instante en su vida?
·        Espere con acción de gracias que la sanidad se manifieste (Hebr.10:35-36)
·      Nuestra misión es orar con el mejor conocimiento de lo que la Palabra de Dios promete y dejar los resultados a Dios.


APRENDIENDO COMO SANAR  A LOS ENFERMOS

Lea el capítulo tres del libro ‘HACIENDO LO QUE JESÚS HIZO’ de John y Sonja Decker buscando detalles e ilustraciones de cómo ministrar a los enfermos. 
  

Practicando:

Pida que UNA persona que esté con dolor se siente en la “Silla Caliente” en el centro del círculo.  (Otros que también tengan dolor deben esperar hasta que se ore por la persona anterior). Los que tienen dolor deben sentarse uno después del otro en la “Silla Caliente” y decir al grupo:

“¡Tengo dolor! ¡Necesito oración!”

Las personas en el grupo, una a la vez, proclaman a la persona en la ‘Silla Caliente’ lo siguiente:

“Quiero orar por usted porque la Biblia dice…”
(Cite por lo menos una escritura de sanidad de la Biblia).


“También, yo he visto a Dios sanar a los enfermos…” (Testifique de por lo menos una situación cuando Dios lo sanó o cuando sanó a otra persona. El testimonio debe ser corto, conciso y preciso – no cuente todos los pormenores del asunto)


“¡Dios quiere sanarlo ahora!” ¿Está de acuerdo? (Si)


AHORA la siguiente persona proclama y testifica – siguiendo el plan sugerido arriba, luego la siguiente persona proclama y testifica, etc. Cada uno de los que participa orando por el dolido hace lo mismo. Esta proclamación se hace antes de que alguien comience a orar.

Cuando cada una de las personas en el círculo haya terminado de proclamar y de testificar, entonces cada persona debe levantarse, una a la vez, e ir hacia la persona en la “Silla Caliente”, colocar las manos sobre ella y orar la oración de fe:

“¡Vengo en el Nombre de Jesucristo y ordeno al dolor (o enfermedad) dejar este cuerpo, ahora!”       “¡¡Amén!!”

(AHORA la siguiente persona en el círculo hace lo mismo.)


Después de que cada uno haya orado la oración de fe, pregunte a la persona en la “Silla Caliente”:
“¡Díganos lo que está sucediendo!”  (El grupo debe escuchar con cuidado. Aquellos que son sanados deben dar testimonio inmediato a todos los reunidos cuando se le pregunte.)


REPITA EL MISMO PROCESO ANTERIOR CON CADA UNO DE LOS QUE MANIFIESTAN ALGUNA DOLENCIA Y QUE PIDEN QUE SE ORE POR ELLOS. HAGA ESTO HASTA QUE SE HAYA ORADO POR TODOS LOS QUE TENGAN DOLOR.


Escrituras de sanidad: Stg.5:14-16 / 1Pe.2:24 / Mr.16:17-20 / Jn.14:11-12 / Mt10:1, 7 / Ex.15:26 / Sal.103:2-3 / Sal.147:2-3.



[1] Stanley M Horton, editor, Teología Sistemática. Deerfield, Fl.: Editorial Vida 1996, P.493.

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