miércoles, 8 de octubre de 2025

Dones espirituales en la iglesia: significado, función y unidad bíblica (1 Corintios 12)

Dones para una iglesia viva. La iglesia del Señor Jesucristo no es una organización humana, sino un cuerpo vivo, formado y sostenido por el Espíritu Santo. En ese cuerpo, cada creyente ha sido dotado por Dios con dones espirituales, talentos y capacidades para contribuir al crecimiento de la iglesia. La Biblia enseña que los dones espirituales no son señales de madurez espiritual, sino herramientas de servicio y edificación (1 Corintios 12:7; Efesios 4:11-12).

Pablo, en sus cartas, recalca que los dones son variados, pero su fuente es una sola: el Dios Trino. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos” (1 Corintios 12:4-6, NBLA). Esta triple expresión manifiesta la acción concertada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la distribución de los dones destinados a la edificación del cuerpo de Cristo. Sin los dones en acción, la iglesia se vuelve un cuerpo inmóvil e inefectivo. Pero cuando los dones operan en armonía, impulsados por el amor (1 Corintios 13:1-3), la iglesia florece y cumple su propósito.

[1] El propósito de los dones espirituales
Los dones espirituales no son medallas de honor, sino herramientas de trabajo. Son manifestaciones del Espíritu Santo dadas para el bien común (1 Corintios 12:7). A través de ellos, Dios equipa a Su pueblo para servir, enseñar, consolar, exhortar y sanar. Pablo enseña que Cristo mismo dio dones a los hombres “a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” (Efesios 4:11-12, NBLA). Esto significa que los dones no son un fin en sí mismos, sino un medio para alcanzar la madurez espiritual de la iglesia.

Además, los dones reflejan la multiforme gracia de Dios (1 Pedro 4:10). Cada creyente es un instrumento único, diseñado para aportar algo que otros necesitan. Así como un cuerpo humano necesita de cada miembro para funcionar bien, la iglesia necesita de la participación activa de todos sus miembros (Romanos 12:4-5; 1 Corintios 12:12-27). El apóstol Pedro exhorta: “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4:10, NBLA). En otras palabras, los dones son una responsabilidad espiritual. No se nos dieron para jactarnos, sino para servir.

[2] Dones y madurez espiritual
La iglesia de Corinto había caído en el error de confundir los dones con madurez espiritual. Algunos se sentían más espirituales por tener ciertos dones visibles. Sin embargo, Pablo aclara que los dones sin amor no edifican (1 Corintios 13:1-3). La verdadera madurez se mide por el fruto del Espíritu, no por la espectacularidad de los dones (Gálatas 5:22-23). El Espíritu Santo distribuye los dones según Su voluntad (1 Corintios 12:11), pero nos pide ejercerlos con humildad, orden y amor (1 Corintios 14:40).

Cuando los dones son usados con motivos egoístas o sin discernimiento, generan división, como sucedió en Corinto. Pero cuando se usan para edificar, fortalecen la unidad y glorifican a Cristo (Efesios 4:15-16). Por eso, Pablo exhorta: “Procuren alcanzar el amor; pero también deseen ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticen” (1 Corintios 14:1, NBLA). El amor es el ambiente en el que los dones se mueven eficazmente.

[3] Diversidad en unidad: el Dios Trino y sus dones
En 1 Corintios 12:4-6, Pablo menciona tres fuentes divinas de dones:
  • Dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:7-11): Son capacidades sobrenaturales para desarrollar el ministerio de los unos para con los otros (1 Corintios 12:25). Incluyen la palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, fe especial, dones de sanidades, operaciones de milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversas lenguas e interpretación de lenguas.
  • Ministerios del Hijo (Efesios 4:11-16): Cristo dio a la iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Estos ministerios tienen la función de capacitar al pueblo de Dios para el servicio, para alcanzar madurez en el Señor y para fortalecer a la iglesia en el conocimiento de la verdad.
  • Dones del Padre (Romanos 12:6-8): Son motivaciones o inclinaciones internas dadas por Dios, como profecía, servicio, enseñanza, exhortación, generosidad, liderazgo y misericordia. Estos dones moldean la manera en que cada creyente funciona y contribuye al cuerpo.
Aunque la variedad es amplia, el propósito es uno: edificar el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-26). La diversidad no debe producir competencia, sino cooperación. Así como el ojo no puede decirle a la mano “no te necesito”, ningún miembro de la iglesia puede despreciar el aporte del otro. Cada don, grande o pequeño, es necesario.

[4] El cuerpo de Cristo: unidad en la diferencia
Pablo usa una ilustración muy clara: la iglesia es un cuerpo con muchos miembros (1 Corintios 12:12-27). Cada miembro tiene una función particular. Algunos son visibles, otros trabajan silenciosamente, pero todos son esenciales. “Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó” (1 Corintios 12:18, NBLA). Esta afirmación elimina la comparación y la envidia. Si Dios le ha dado un don de servicio, úselo con gozo; si le ha dado un don de enseñanza, enseñe fielmente; si su don es la misericordia, hágalo con gusto (Romanos 12:7-8).

La iglesia se enferma cuando algunos miembros no sirven o cuando tratan de funcionar efectivamente en áreas para las que no fueron equipados. Pero cuando cada miembro ejerce su don con humildad y obediencia, el cuerpo funciona con salud, armonía y fuerza. Cada creyente debe descubrir su don, desarrollarlo y ponerlo al servicio de los demás. No es una opción, es un llamado. “Pero a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común” (1 Corintios 12:7, NBLA). En otras palabras, no hay creyente sin dones, ni dones sin propósito.

[5] Los dones como expresión del amor y del servicio
Los dones del Espíritu no pueden divorciarse del fruto del Espíritu Santo. Sin amor, los dones no operan correctamente (1 Corintios 13). El amor es el motor que impulsa al servicio genuino y el vínculo que mantiene la unidad. En Efesios 4:16, Pablo explica: "Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor" (NBLA).

Así, el propósito final de los dones es edificar una iglesia que se ame, que sirva y que refleje el carácter de Cristo al mundo. Los dones no son para competir, sino para cooperar; no son para exhibir, sino para servir; no son para dividir, sino para revelar la gracia de Dios. Cuando la iglesia usa correctamente los dones, el evangelio avanza, los necesitados son atendidos, los perdidos oyen el mensaje de salvación y el nombre de Cristo es exaltado (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8).

[6] Llamado a la acción
La enseñanza de la “diversidad de dones” nos invita a tres acciones concretas:
  • Reconocer que Dios me ha dado dones. No hay creyente sin dones ni propósito. Ore y pídale al Señor que le muestre sus dones (Romanos 12:6; 1 Pedro 4:10).
  • Desarrollar y usar esos dones con humildad. Úselos en su iglesia local, sirviendo a otros sin buscar reconocimiento (Filipenses 2:3-11).
  • Hacerlo todo para la gloria de Cristo. Todo don, ministerio o habilidad debe apuntar a exaltar el nombre de Jesús y edificar Su cuerpo (1 Corintios 10:31; Colosenses 3:17).
Recordemos que la diversidad sin unidad produce confusión, pero la unidad sin diversidad produce estancamiento. Solo cuando ambas se combinan bajo el gobierno del Espíritu Santo, la iglesia cumple su llamado: ser un cuerpo vivo que manifiesta a Cristo en el mundo.

Conclusión
La “diversidad de dones” revela la sabiduría de Dios al formar un cuerpo donde nadie es autosuficiente. Cada miembro tiene algo que aportar, y todos dependen del mismo Espíritu, del mismo Señor y del mismo Padre. Cuando los dones se ejercen en amor, la iglesia crece en madurez, se fortalece en la fe y se convierte en un testimonio vivo del poder transformador del evangelio. Los dones no son un fin, sino un medio para amar, servir y glorificar a Dios. Una iglesia saludable es aquella donde todos sirven, todos aportan y todos crecen, para que Cristo sea todo en todos.

Reflexión:
[1] ¿Estoy usando los dones que el Espíritu Santo me ha dado para edificar a otros y glorificar a Cristo, o los estoy guardando por temor, desconocimiento o comodidad?
[2] ¿Cómo puedo servir de manera más intencional dentro del cuerpo de Cristo, valorando la diversidad de dones sin compararme ni competir con otros?
[3]¿Estoy valorando y honrando los dones de otros miembros del cuerpo de Cristo, entendiendo que la diversidad no es una amenaza, sino una bendición para la unidad de la iglesia?
[4] ¿Estoy cultivando el fruto del Espíritu y el amor, de modo que mis dones se usen con humildad, madurez y unidad en la iglesia?

Oración: Padre amado, te doy gracias porque en tu sabiduría perfecta has repartido dones diversos a tu iglesia. Gracias porque cada don, grande o pequeño, tiene un propósito eterno: edificar tu cuerpo y glorificar el nombre de Jesús. Hoy te pido que renueves en mí un corazón humilde y dispuesto a servir. Ayúdame a reconocer los dones que me has dado y a usarlos con amor, con orden y con alegría. Líbrame del orgullo y de la comparación, y enséñame a valorar la gracia que has derramado en los demás. Que tu Espíritu Santo nos una como un solo cuerpo, donde cada miembro cumple su función para extender tu Reino en el mundo. Amén.

2 comentarios:

  1. La unidad está en la diversidad. La salud de la iglesia está en el servicio. Se sirve para la Gloria de Dios usando los dones que hemos recibido de la Trinidad.

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  2. Muy oportuno el artículo en tiempos como el actual, ya que la iglesia está siendo atacada porque no está impactando con el poder que el Espíritu Santo le ha dado. Cdec

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