La iglesia del Señor Jesucristo no es una organización humana; es el cuerpo vivo de Cristo en la tierra. Para que el cuerpo funcione “decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40), Dios levanta líderes responsables con el propósito de cuidar y edificar a Su pueblo (Efesios 4:11-16; Hechos 6:1–7; Tito 1:5). Los ministerios mencionados en Efesios 4:11 son una provisión divina para que la iglesia sea saludable, madura y capaz de cumplir la misión de Dios. Estos no son títulos honoríficos ni posiciones de prestigio; son regalos de Cristo a la iglesia, expresiones de su multiforme gracia (1 Pedro 4:10). Ellos tienen un propósito muy claro: equipar al pueblo de Dios para la obra del ministerio.
[1] El propósito de los dones: capacitar al pueblo de Dios
El apóstol Pablo declara: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11–12, RVR1960).
La palabra griega katartismós, traducida como “perfeccionar”, significa restaurar, preparar, ajustar o poner en su lugar (VINE, 1999). Así como un médico reacomoda un hueso fracturado o un pescador repara su red (Marcos 1:19), los ministerios están llamados a restaurar a los creyentes, ayudándolos a funcionar dentro del cuerpo de Cristo como Dios quiere.
Por eso, el liderazgo espiritual no consiste en que este haga todo, sino en equipar a otros para servir. Los dones ministeriales no son un fin en sí mismos, sino instrumentos del Espíritu Santo para liberar el potencial de cada creyente. La siguiente verdad se aplica a todos los dones: “A cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien común” (1 Corintios 12:7, NBLA). “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10, NBLA).
Una iglesia sana no depende de unos pocos líderes carismáticos, sino de una comunidad donde todos sirven según el don que recibieron. Para que esto ocurra, hay que formar discípulos maduros que edifiquen a otros. Los ministerios nombrados en Efesios 4:11 juegan un papel importante en este proceso.
[2] El proceso del crecimiento espiritual
El ministerio cristiano no se trata solo de programas, actividades o eventos. Pablo enfatiza que la meta es “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13, RV60).
El verdadero propósito del discipulado es que cada creyente sea transformado a la imagen de Jesús (Romanos 8:29; Gálatas 4:19). El crecimiento espiritual no se mide solo por lo que sabemos, sino por cómo se transforma nuestro carácter, nuestras actitudes, nuestra obediencia diaria y el servicio. Nos tenemos que medir con Cristo y no según parámetros humanos.
Para lograr la transformación mencionada, los ministerios están llamados a enseñar la Palabra (2 Timoteo 4:1–5), modelar humildad y servicio (Juan 13; Filipenses 2:1–11) y pastorear con amor (1 Pedro 5:1–3). Su meta no es producir admiración, sino formar discípulos maduros que vivan como Cristo y sepan discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:11-14).
[3] Los frutos de un ministerio maduro
Cuando los dones ministeriales funcionan según el diseño divino, la iglesia manifiesta tres frutos esenciales:
a. Unidad espiritual.El Espíritu Santo produce comunión entre los creyentes (Hechos 2:42). La unidad no significa uniformidad, sino propósito compartido: todos mirando a Cristo como la Cabeza. “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe” (Efesios 4:13). “Teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Filipenses 2:2).b. Estabilidad doctrinal.Cuando los ministerios enseñan la verdad en amor, la iglesia no va a ser arrastrada “por todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). La madurez y firmeza espiritual protegen contra las modas religiosas y los falsos maestros. El llamado a los ministerios y a toda la iglesia es: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado... que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15, RV60).c. Amor activo.El amor es el fruto central del crecimiento cristiano (Romanos 12:9-10). Pablo dice que el cuerpo se edifica “en amor” (Efesios 4:16). Sin amor, los dones pierden su propósito (1 Corintios 13:1–3).
[4] Cristo: la Cabeza y fuente de todo crecimiento
En el corazón del ministerio quíntuple está Cristo mismo. Él es la Cabeza de la iglesia, de quien fluye toda vida, dirección y poder. Pablo lo expresa así: “Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí… recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Efesios 4:15–16, RV60).
El verdadero éxito ministerial no se mide por el tamaño de la congregación, sino por la centralidad de Cristo. Una iglesia puede tener estructura y programas, pero si no fluye la vida desde la Cabeza, se convierte en un cuerpo sin movimiento. Cristo es el centro, Él es la cabeza y la fuente de vida y la dirección de la iglesia, el que la mueve, la sostiene y la hace crecer y al que le pertenece el Reino, el poder y la gloria (Efesios 1:22-23; 2:19-21; Colosenses 1:18; 2:19; 1 Corintios 3:11; Juan 15:4-5; Romanos 11:36; Apocalipsis 5:12-13). Jesús dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5, RV60). Cuanto más centrado esté un ministerio en Cristo, más reflejará su carácter y más saludable será la comunidad.
[5] Todos equipados para la obra del ministerio
Efesios 4 también nos recuerda que los ministerios existen para activar el sacerdocio universal de los creyentes. Pablo afirma que todos los creyentes reciben "un don especial mediante la generosidad de Cristo" - un don se refiere aquí a charismata, una gracia, un regalo (Efesios 4:7, NTV). La Escritura enseña además que todos los hijos de Dios somos “un real sacerdocio” (1 Pedro 2:9), llamados a ofrecer sacrificios espirituales y a anunciar las virtudes de Cristo (1 Pedro 2:5). Cada creyente tiene un papel vital en el cuerpo que aporta a su funcionamiento saludable.
Esto no implica que el ministerio quíntuple reemplaza la responsabilidad personal de cada creyente de servir, sino que la despierta. Los ministerios son entrenadores espirituales que impulsan a la iglesia a la acción, recordando que “todo el cuerpo… según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:16, RV60).
Cuando cada creyente participa activamente, la iglesia se convierte en una comunidad viva, donde cada don contribuye al propósito común: glorificar a Cristo y extender Su Reino.
[6] El corazón del ministerio quíntuple
Ahora, el propósito del ministerio quíntuple no es ocupar posiciones jerárquicas, sino servir pastoralmente y formar a toda la iglesia. Cuando cada uno, toda la iglesia, cumple su función en amor, todos crecen en unidad, madurez, enfoque doctrinal bíblico y servicio que glorifica a Dios (Efesios 4:11-16).
Pablo resume esta visión de la siguiente manera: “A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo.” (Colosenses 1:28, NBLA).
El corazón del ministerio quíntuple es Cristo mismo, quien da los dones, sostiene a los ministros y hace crecer a su iglesia. Nuestro llamado es servir para edificar, enseñar para transformar y amar para unir, hasta que Cristo sea plenamente formado en Su pueblo.
Reflexión:
- ¿De qué maneras podemos asegurarnos de que Cristo siga siendo la Cabeza y el centro de todo lo que hacemos en la iglesia, en lugar de depender de programas o personalidades?
- Pablo enseña que los líderes están para equipar a los santos y no para hacer toda la obra del ministerio. ¿Qué implicaciones prácticas tiene esto para nuestra comunidad? ¿Cómo podemos pasar de ser espectadores a colaboradores activos en el Reino?
- Según Efesios 4:13–16, la madurez espiritual se refleja en la unidad, la verdad y el amor. ¿Qué señales prácticas muestran que una iglesia está creciendo de manera saludable en estos tres aspectos?
Oración: Señor Jesús, gracias porque tu iglesia no es una obra humana, sino tu cuerpo vivo en la tierra. Gracias por los ministerios que has dado para equiparnos en unidad, madurez y amor. Ayúdanos a servir con humildad, a edificar con fidelidad y a mantenernos conectados a ti, nuestra Cabeza. Que todo lo que hagamos sea para tu gloria, proclamando tus virtudes y edificando tu iglesia en amor, hasta alcanzar la plenitud en ti. Amén.
¿Qué opina? Estoy pendiente de sus comentarios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario