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El Tema de la Fe



“Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Ef.2:8-10) NVI


Rom.3:22-26 / Rom.4:5.16 / Rom.10:14 / Rom.10:17 / Col.2:12 / Hch.14:27 / Hch.16:14 / Hch.15:8-11


El escritor de Hebreos describe la fe de la siguiente manera: “La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver” (Hebr.11:1) NTV.  Primeramente debemos entender que la fe no está basada en cosas que podemos ver, oler, palpar o saborear (2Cor.5:7). De hecho, la Biblia nos enseña que primero viene la fe y luego el ver (Jn.11:39-40).
La fe bíblica está basada en la Palabra de Dios y en nuestra respuesta a la misma (Rom.10:14-21 / 1Tes.2.13 / 2Tes.2:13-14 / 1Pe.1:23-25).  Esta fe en Dios, además, es nutrida y fortalecida con la Palabra de Dios (1Pe.2:1-2 / Ef.4:15 / 2Pe.3:18).


Notamos en la Biblia que donde se habla de la fe o donde se espera que tengamos fe, siempre antecede una actuación divina o un mensaje de Dios. La fe no nace en el ser humano y tampoco es un esfuerzo humano por medio del cual Dios se deja encontrar. La fe es más bien la respuesta humana a un llamado claro de parte de Dios. Dios llama, Dios se revela a sí mismo, Dios nos da promesas, nos da a conocer Su voluntad y nosotros respondemos aceptando ese llamado, esperando pacientemente la realización de Sus promesas y obedeciendo a Su voluntad – en esto consiste la fe bíblica (Rom.1:17-22.28 / Lc.17:15-18 / 2Tes.2:10-14 / 1Tim.4:1-2 / Mt.23:37 / Mt.22:3 / Prov.1:24-31 / Lc.11:28 / Lc.14:17-20 / Lc.15:28).

La fe es la respuesta positiva a la Palabra de Dios, a Sus promesas y Sus actuaciones.  Fe es entonces el resultado de la sana predicación de la Palabra de Dios (Rom.10:14-17). El conocimiento de la verdad divina es un elemento esencial de la fe bíblica (Jn.10:38 / 1Jn.2:3 / Jn.17:3). El objeto de la fe salvadora es la revelación de toda la Palabra de Dios y de Jesucristo, de Su vida y Su obra (Jn.7:38 / Hch.16:31 / Rom.3:22.25 / Gal.2:16 / Filp.3:9 / Jn.3:16-36 / Hch.10:43 / Hch.16:31).

La fe bíblica es además aquella confianza en Dios generada en el conocimiento y la evidencia del carácter y obras de Dios, entendiendo que Él es totalmente confiable, constante y cumplidor de Sus promesas (Dt.7:9 / Sal.119:86).
La evidencias sobre la cual descansa nuestra fe la encontramos en la creación, en la Palabra de Dios, en Jesucristo – Su muerte y resurrección, y en la manifestación de Su poder a través de milagros y señales (Rom.1:19-20 / Sal.19:1-6 / 2Tim.3:16 / Rom.10:17 / Hebr.1:1-2 / 2Re.2:15 / Hebr.13:12 / 1Cor.14:5,22-26).

La fe también se describe en la Biblia como temer a Dios. Temer a Dios es creer en Él de manera reverente, reconociendo Su santidad, verdad, amor, y poder. Este tipo de temor lleva a actuaciones acordes con la voluntad de Dios y Su santidad (Sal.119:89-91 / Sal.33:18-19 / Sal.31:19 / Ecl.12:13 / Jos.24:14-15 / Dt.30:19). Compare el ejemplo de Abraham y vea la relación que hay entre fe y temer a Dios: Gn.15:6 – Gn.22:12 (Hebr.11:6).
Por eso es importante predicar, leer y estudiar la Palabra de Dios, (Rom.10:14-21). La falta de fe es entonces no poner atención a la Palabra de Dios, es rechazar Sus promesas y no poner cuidado a Su voluntad (Hebr.11 / Mt.13:1-9.18-23 / Rom.1:28).

ALGUNOS EJEMPLOS:
  • Abraham fue llamado por Dios (Gn.12:1 / Gn.15:5-6). Después responde Abraham al llamado de Dios creyéndole, obedeciéndole y esperando en la realización de la promesa divina (Gn.12:4 / Gn.15:5-6). Esta es la fe de Abraham que se alaba en toda la Biblia (Rom.4).
  • Noé anduvo en íntima comunión con Dios, y esto lo hizo en medio de un mundo corrupto (Gn.6:8). Luego notamos que Dios habló con Noé respecto a los planes que Él tenía con el mundo y con Noé y su familia. Noé responde construyendo el arca que Dios le había dicho que construyera (Gn.6:9-22 / Hebr.11:7).
  • Daniel y sus amigos conocían la voluntad de Dios en cuanto al tema de la adoración. Ellos tuvieron la oportunidad de decidir entre seguir a Nabucodonosor o seguir los mandamientos de Dios y no dar culto a la imagen del rey. Ellos tenían que decidir entre seguir/obedecer a Dios o ser echados al horno. Ellos respondieron a Dios con fidelidad (Dn.3). El cristiano que tiene fe está convencido que es preferible sufrir con Dios que prosperar en el mundo y al final echar a perder todo (Mr.8:36 / Hebr.11:24-28).

1. ¿Qué es la fe bíblica?

En Hebr.11:1 encontramos probablemente la única cita que trata de definir la fe bíblica en un versículo. La fe es la “sustancia”, el fundamento o lo que constituye la base de nuestra esperanza y nuestra relación con Dios. La fe es la seguridad de lo que esperamos se realizará porque Dios en la Biblia lo ha prometido así. Sin fe en Dios y en Sus promesas no hay esperanza – no hay nada que esperar (1Tes.2.13 / 2Tes.2:13-14 / 1Pe.1:23-25). Es la convicción de la realidad de las cosas que no vemos, pero que están basadas en lo que Dios nos dice en Su Palabra. Es la facultad a través de la cual percibimos las realidades espirituales (promesas de Dios) como cosas reales y capaces de ser realizadas.
Fe no es caminar en la oscuridad ni aferrarse a algo indefinido, sino más bien la convicción que nace del amor y de una relación experimental comprobando que el Dios que se revela en la Biblia es verdadero y que sus promesas son confiables. Fe es la respuesta personal al llamado de Dios.

Los Elementos de la Fe[1]

El elemento intelectual:
La fe no es algo inseguro ni un aferrarse a la oscuridad. No es un paso en la oscuridad que lleva a la luz. Fe es caminar en la luz, en la luz de la Palabra de Dios. Es peligroso dar pasos en la oscuridad; una persona se puede encontrar al borde de un abismo y cualquier paso en falso puede significar la destrucción.
La fe está basada sobre el conocimiento de la verdad bíblica y de las promesas de Dios (Col.1:4-6 / 1Pe.1.23-25 / Ef.1:15-23 / Col.1:10 / Col.2:2 / Tit.1.1 / 1Jn.2.3-4 / Rom.4). Nadie puede creer en algo que no ha oído o de lo cual no tiene evidencia. La fe que es necesaria para que una persona sea salva está basada sobre la mejor evidencia (Jn.8:31-32 / 1Tim.2:4 / 1Tim.4:3 / 1Jn.2:21): La Palabra de Dios (Rom.10:17).

El elemento emocional:
Este elemento se manifiesta en el gozo que acompaña a aquella experiencia de la bondad de Dios proveyendo para nuestras necesidades (Sal.106:12 - Al momento que no creyeron, el gozo desapareció muy rápido Sal.106:24-25). Si la fe no es firme, el elemento emocional experimenta altibajos (Mr.4:16-17). Es importante que nuestra fe esté basada sobre hechos y evidencias, y no sobre los sentimientos.

‘Una expresión emocional es el ánimo o desánimo que una persona puede tener. En el fondo de todo desánimo hay una mentira de Satanás que estamos creyendo. Miedo, amargura, lástima de sí mismo o condenación están basados en las mentiras de Satanás y atacan la fe. La raíz del desánimo entonces está en dejar caer el escudo de la fe (Ef.6:16). Cuando perdemos de vista los caminos de Dios o nuestros recursos en Cristo, hacemos a un lado la protección espiritual que Cristo nos dio, en el escudo de la fe. Para levantar el escudo de la fe debemos citar la verdad de Dios (2Cor.10:5)’.[2]

El elemento de la voluntad:
Después de saber y aceptar lo que la Palabra dice, la fe se apropia de las promesas de Dios. La fe tiene mucho que ver con nuestra voluntad: ella toma, camina, se apropia, obedece (Hebr.11). La fe tiene obras (Stg.2:14-26).
Hay un cuento de un hombre que andaba sobre una cuerda sobre las cataratas del Niágara empujando una carretilla llena de ladrillos. Hizo el viaje varias veces, empujando la carretilla por un lado y haciéndola volver. Al fin se detuvo para hablar con un grupo grande de espectadores. El preguntó: ¿cree alguien que yo puedo quitar estos ladrillos de la carretilla y meter allí una persona y volver a pasar sobre las cataratas? Con todo entusiasmo la multitud dijo que sí; ellos creyeron. Luego el hombre les preguntó: ¿Quién quiere ser el primer voluntario? El esperaba, mirándolos y nadie se hizo presente como voluntario. Realmente nadie creyó al punto que la Biblia llama “FE”. Ellos tuvieron una creencia intelectual. Habían racionalizado la situación hasta pensar que tenían fe, pero no había fe verdadera, porque nadie quería arriesgar la vida entregándose al punto de meterse en la carretilla para pasar por el abismo en una cuerda.

Existe una fe temporal superficial en que la mente de una persona es despertada y conmovida (Hch.24:24-27 / Hch.26:24-30) por la Palabra de Dios. Esta fe expresa cierta simpatía por las cosas de Dios y la Biblia, pero no lleva a un compromiso verdadero que se refleja en una decisión de seguir a Cristo y en un estilo de vida diferente (Mt.13:1-9.18-23 / Mr.4:16-17 / Hch.2:37-38 / Hch.16:29s / Hch.17:32). Si la fe no tiene obras, es simplemente una cosa mental que no tiene mayores consecuencias (Stg.2:14-26).

‘La fe acepta el relato bíblico sobre la vida de Jesús y lo que Él ha realizado por nosotros. También nos acerca a Dios y hace que nos aferremos al Señor con tenacidad. El creyente acepta los beneficios del sacrificio de Jesús y entra con confianza en la presencia de Dios. La fe cree implícitamente en la Biblia, la considera la expresión viva de Dios y así se somete a su juicio. Por último, la fe es querer sufrir junto con Cristo, sabiendo que recibirá una buena recompensa.’[3]

2. ¿Cuáles son los enemigos de la fe?

Ya lo hemos estudiado: la fe es el resultado de la sana predicación de la Palabra de Dios (Rom.10:14-17). El conocimiento de la verdad divina es un elemento fundamental de la fe bíblica (Jn.10:38 / 1Jn.2:3). En este orden de ideas notamos que uno de los grandes enemigos de la fe bíblica es la falta de la enseñanza sana de la Palabra de Dios. Además: Poner atención a falsas doctrinas e ideas erradas, como también oír cosas que no edifican van destruyendo la fe en Dios (1Tim.6:21 / 2Tim.2:14.18 / Tit.1:1). Aquí también se hace realidad lo que la Biblia dice: Lo que el hombre siembra, eso cosecha (Gal.6:8).

No hay duda de que Satanás es el enemigo número uno de la fe. El tratará de impedir que la gente oiga la Palabra de Dios y que crea en ella (Lc.8:12). El diablo estimula a la pereza para que la gente no llegue a leer y escuchar la Palabra de Dios, lanza dudas cuestionando la veracidad de la Palabra y pintando a un Dios malo y duro – cambia nuestra teología (Gn.3:1-7).

Cuando lo visible domina nuestros pensamientos y cuando nuestro enfoque en la vida son las cosas materiales, entonces la fe será paralizada, ahogada, destruida (Jn.6:1-15 / Mt.14:30 / 2Re.6:15 / Nm.13:27-33 / Ex.14:10-13 / Lc.8:14). Lea también Hebr.11:13 y recuerde la parábola del sembrador en Mt.13:1-9.18-23.

Al permitir pecado en nuestra vida, la confianza en Dios se ve afectada (1Jn.3:20-21). Nuestras oraciones pierden fuerza (Sal.66:18) y podemos llegar a naufragar en cuanto a la fe (1Tim.1:19). El amor al dinero nos aleja de la fe (1Tim6:9-10).

Al fallar en el crecimiento espiritual la fe también falla en crecer (Filp.1:27 / Mr.4:17 / Ef.4:14).

Momentos difíciles y de prueba  desaniman a muchos en cuanto a  la fe (Lc.22:31-32 / Job 1 y 2 / Mt.26:31 / 1Pe.5:9-10 / Mt.13:1-9.18-23). En aquellos momentos de dificultades y en los que parece que Dios no responde o actúa, fácilmente una persona se puede desesperar y aceptar la idea de un Dios desinteresado en los asuntos de la gente.

3. ¿Cómo podemos crecer en la fe?

La fe es un regalo de Dios (Rom.12:3 / Hebr.12:2 / 1Cor.12:9) y no se consigue esforzándose o concentrándose fuertemente en algo o autosugestionándonos. Si la fe es un regalo de Dios, podemos orar y pedirle a Dios que nos fortalezca la fe (Lc.17:5 / Mr.9:22-24).

La fe puede ser desarrollada. Ella aparece en la lista del fruto del Espíritu Santo en Gal.5:22. Así la fe es un don de Dios, pero también un fruto del Espíritu. La característica de un fruto es que se desarrolla paso por paso. El requisito para que el fruto se desarrolle es permanecer en Cristo (Jn.15:5). Las herramientas para permanecer en Cristo son:
·         Leer y estudiar la Palabra de Dios. La fe crece por la Palabra de Dios (Rom.10:17).
·         Mantener una relación íntima con Dios a través de una vida consagrada a vivir según Sus mandamientos (1Jn.5:14-15).
·         Recuerde las maravillas que Dios ha hecho en su vida (1Sam.7:12 / Sal.103 / Neh.4:14).


“La fe no descansa solamente en las promesas, sino que se fundamenta en el carácter del que ha hecho esas promesas”
A. W. Tozer


ASIMILANDO (2Timoteo 3:16-17)
(Escriba sus respuestas a continuación y úselas para el diálogo en un grupo pequeño de estudio bíblico)

 
¿Qué lecciones aprendió durante este estudio?

¿Qué pasos debe tomar para ser obediente a los mandatos de Cristo? Sea específico.

¿Cuáles desafíos cree usted que va a enfrentar en la aplicación de esta lección en su vida y ministerio?
 
Anote a continuación una petición de oración. Permita que otros cristianos oren con usted.


CAPACITAR Y PREPARAR (2Timoteo 3:16-17)

Comparta con una persona lo aprendido en esta lección.
¿A quién le compartirá? ¿Cuándo le compartirá?


REPORTE en la siguiente reunión: ¿Cómo le fue? ¿Qué preguntas surgieron? ¿Cuál fue la reacción / respuesta de la gente?
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[1]Este es un resumen de lo que nos enseñan al respecto Van Cleave, Nathaniel M., y Duffield, Guy P., Declaration of Faith, Unit Two. Los Angeles, California: International Church of the Foursquare Gospel – Foursquare Publications 1983, P.76-77.
[2] GOTHARD, Bill, Material de Discipulado – Hombres Fieles.
[3]Biblia Plenitud Jack W. Hayford, General Editor, Nashville, TN: Caribe, 1994, P.1641.

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