martes, 15 de septiembre de 2020

si no fuera por Jesús, el leproso tendría los días contados


"Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. Y se acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si  quieres, puedes limpiarme». Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Entonces Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos" (Mt.8:1-4) NBLA.

El encuentro con Jesús que cambió la vida de un leproso - esta historia ocurre inmediatamente después de las enseñanzas del Sermón del Monte. Si no fuera por Jesús, el leproso tendría los días contados (Mt.8:1-4 / Mr.1:40-45 / Lc.5:12). Con una lepra avanzada este hombre vivía aislado, no tenía un futuro prometedor, estaba enfrentando una muerte lenta y muy dolorosa. Lo terrible, la gente ya lo consideraba prácticamente muerto. El leproso tenía que vivir distanciado de la sociedad aguantando una soledad horrible e insoportable (Lv.13:46). Nadie lo quería tener cerca. Frecuentemente le tiraban piedras para que permaneciera suficientemente lejos y no infectara o contaminara a los sanos. Lepra - una enfermedad que separaba brutalmente a una persona de sus semejantes. Es difícil comprender lo que todo esto hacía en su mente, sentimientos y emociones. La esperanza de ser sanado eran mínimas.

No sabemos el trasfondo de la enfermedad. ¿Fue un simple descuido y entonces se contagió? ¿O fue un pecado que llevó a esta enfermedad, como en el caso de Giezi o Uzías? - (2Re.5:1,27 / 2Cron.26:19-20). Como sea, la necesidad existía, era seria y la desesperación grande.

Pero aguarde un momento - el leproso se acerca a Jesús. ¿Atrevido? ¿Está desafiando las reglas sociales? ¿Y qué de la ley? ¿O será que entiende que ésta es su oportunidad para ver un cambio? El leproso ve en Jesús el rayo de luz que le da esperanza. ¿Pero querrá Jesús sanarlo? ¿Será que Jesús lo rechazará como lo hace el resto del mundo? Es obvio que cuando Jesús aparece nadie se debe sentir imperdonable ni incurable ni rechazado. Jesús llama: "Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso" (Mt.11:28) NVI.

El leproso ora: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Este hombre no demanda de Jesús la sanidad. El sabe que a Jesús no se le ordena. Una sumisión humilde y expectante a su soberana voluntad, y la confianza en Su Gracia, es la actitud correcta para acercarse a Jesús. Pero hay algo más. El hombre se postra ante Jesús - él comprende de alguna manera que Jesús no es cualquier persona; Jesús merece adoración, a él hay que rendirle tributo y por eso se postra delante de él (gr.: proskynein). 

Todos los tres Evangelios revelan algo de la intensidad y actitud de este hombre al acercarse a Jesús: Mateo nos dice que el se postró ('proskuneo' - adoró) (Mt.8:2), Marcos dice que el le suplicó cayendo de rodillas (Mr.1:40), Lucas dice que el leproso cayó rostro en tierra (Lc.5:12). El leproso entiende que si Jesús, el Hijo de Dios, no le ayuda, nadie lo hará. Él cree en el poder de Dios obrando a través de Jesús. "Puedes limpiarme" es más que sanidad física, es purificar y limpiar de toda mancha y de toda contaminación por el pecado, es restauración completa. La obra de Jesús siempre va más allá de lo visible y el ahora.

La ley decía que nadie se le podía acercar a un leproso. Todos debían mantenerse alejados - por lo menos dos metros. El contacto significaría exponerse a una contaminación seria y a las consecuencias respectivas. ¿Pero quién puede parar a Jesús cuando éste entiende lo que el Padre quiere hacer? Jesús no hacía nada por su propia cuenta; solo lo que veía hacer al Padre el Hijo lo hacía igualmente. Así como el Padre levanta a los muertos y les da vida, asimismo el Hijo da vida a los que Él quiere (Jn.5:19-21). 

Vemos a Jesús extendiendo su mano, y tocando a este hombre le dice las más maravillosas y esperanzadoras palabras que alguien puede escuchar: "Quiero; sé limpio". Jesús toca al intocable, perdona al imperdonable, sana al quien ningún otro puede sanar, aprecia al despreciado, ama al difícil de amar ( Mt.9:35-38 / Mt.14:14 / Mt.15:32 / Mr.2:17 / Mr.6:34 / Sal.103:13 / Is.63:9). Y allí donde Jesús pone la mano la muerte tiene que huir y la vida surge con poder (Hch.10:38). 

Aprendemos lo siguiente acerca de Jesús:
[a] Movido por compasión se preocupa por la persona en necesidad, aun por el más impuro.
[b] Jesús posee todo el poder de Dios para sanar física-, espiritual-, emocional- y mentalmente a la gente, aun a los más desesperanzados.
[c] También vemos a un Jesús sabio - él envía al sanado a ver al sacerdote quien iba a certificar la sanidad - este era el proceso que se requería para volver a la sociedad, y más aun, poder volver al templo a adorar.

PADRE CELESTIAL, qué terrible es cuando nos distanciamos de aquellos que Tú quieres tocar. Perdóname por no entender siempre Tu corazón y por la insensibilidad a la necesidad de aquellos que andan por un valle oscuro en su vida. Ayúdame a ser sensible a la necesidad del otro. Deseo escuchar Tu voz con claridad, entender las maneras y los momentos cuando deseas que yo sea Tu mano extendida para amar, consolar, sanar, restaurar.

ASIMILANDO

[1] ¿Qué nos quieren comunicar los textos arriba anotados? ¿Qué significan estos pasajes para nosotros hoy día? ¿Qué le está diciendo Dios a usted personalmente? ¿Hay algo de lo cuál deba arrepentirse? ¿Hay algo que deba cambiar en su vida, alguna actitud, alguna costumbre? ¿Qué pasos debe tomar para cumplir con el mandato de Cristo? 

[2] Use este estudio para reflexionar y dialogar al respecto con otra persona, con la familia o con un grupo pequeño. ¿Con quién y cuándo quiere compartir lo aprendido?

[3] ORE(n) a Dios Padre en el cielo usando estos versículos.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Si no fuera por Jesús, la mujer hubiera sido apedreada


Si no fuera por Jesús, la mujer sorprendida en adulterio hubiera sido apedreada (Jn.8:2-11). Sí, aquella mujer había pecado - pues se dice que había sido sorprendida en adulterio, había evidencias inequívocas, ella no podía negar lo ocurrido. Me imagino que la mujer se sentía fracasada, triste, culpable, avergonzada (imagínese a un grupo de hombres señalándola públicamente), y no veía salida de escape. Todo salió a la luz. Y ahora había sido condenada de acuerdo a la ley. Interesante notar que nadie le dio importancia por conocer el nombre de esta mujer. Fue tratada como un caso o como una cosa.

La solución que ofrecían los líderes religiosos predicadores y defensores de la ley era la muerte. Ah, y recordemos que fue Moisés quien ordenó apedrear a la gente que cometía este tipo de pecados. ¿Cierto que no vamos a cuestionar a Moisés y su autoridad? Como sea, estos líderes basaban el ejercicio de su autoridad en la crítica, en rastrear y en condenar al culpable en vez de extender compasión, en abrir puertas para una posible rehabilitación y restauración del pecador. En vez de ofrecer caminos de esperanza querían matar al enfermo.

Ahora, ¿respetará Jesús la ley o se aliará a la mujer inmoral condonando y fomentando el adulterio? ¿Seguiría siendo Jesús el amigo de los pecadores? Parecía que en este juego de ajedrez, no importando como decidía, Jesús finalmente saldría igualmente cuestionado.

Me impresiona que Jesús no está nervioso ni estresado, él tiene el control de la situación. Tranquilamente se inclina y comienza a escribir en la tierra. ¿Por qué lo hizo? ¿Qué habrá escrito? Esto siempre ha despertado mi curiosidad. ¿Le dio Jesús tiempo a los acusadores para reflexionar? ¿Pudo haber escrito algo parecido como lo de aquella escritura que apareció en la pared en tiempos del rey Belsasar (Dn.5): 'pesados en la balanza, pero no dan la medida'?

Los líderes perplejos insistían en que Jesús les diera una respuesta - finalmente Jesús los confronta: 'El que de ustedes esté sin pecado (o nunca haya deseado cometer el mismo pecado), sea el primero en tirarle una piedra'. Todo me parece como un partido de fútbol (la ley vs la gracia). Quién va a ganar?

La reacción de los acusadores no se hizo esperar, pero ¿por qué será que los de más edad se alejaron primero? Como sea, al final solo quedaron Jesús y la multitud que rodeaba a la mujer. Aquel quien la podía haber apedreado le dice: 'yo tampoco te condeno, vete y no peques más'.

Jesús quien la podía haber apedreado le muestra una salida de escape: JESÚS y este crucificado. Jesús es el Señor de segundas oportunidades, el Señor de la compasión y del perdón, el Señor quien de entre las piedras hace crecer vida.

PADRE ETERNO, no deseo que me encuentre en el lugar equivocado. Deseo ser un líder que con celo sincero por Tu Palabra no olvida la ley de la gracia y de la vida llevando perdón, esperanza y restauración en Cristo el crucificado a los que tropezaron. Todos deberíamos ser apedreados si no fuera por Tu Gracia. Ayúdame a ejercer mis funciones con actitud humilde y de tal manera que todo aquel que ha pecado y fracasado vea una salida basada en tu verdad y en tu amor, y que pueda ser verdaderamente sanado (Gal.6:1).

lunes, 7 de septiembre de 2020

Si no fuera por Jesús, Zaqueo no tendría esperanza

 


Si no fuera por Jesús, entonces Zaqueo no tendría esperanza ni salvación. Zaqueo era pecador, estafador, corrupto, traidor a la patria, despreciado, marcado por la sociedad, y del cual se prefería guardar un cierto distanciamiento social (Lc.19:1-10). Y quien se acercaba a él para ayudar era cuestionado - 'el que tiene discernimiento no se sienta a comer con semejante escoria', decían los que se creían buena gente (Lc.19:7 / Lc.5:30 / Lc.7:39). No había quien le diera una mano a Zaqueo.

Zaqueo era hombre rico, pero con un vacío interno. Había escuchado de aquel quien recibía a los desechados y a los pecadores. Al pasar Jesús por su ciudad se preguntaba si este le podría dar una mano. ¿Será que Jesús le podía dar una luz de esperanza, calmar la sed que tenía por ser perdonado y ser amado? Sin embargo, había demasiados impedimentos para acercarse a Jesús - la multitud de gente que lo alejaba a empujones y patadas; y su cierta limitación física no era favorable. Hasta que vio un árbol a donde subirse y así ver de lejos a aquel quien es tan diferente.

Como si tuviera un radar especial, Jesús ve a Zaqueo escondido entre las ramas del árbol, lo llama por su nombre y se invita a pasar el día en la casa de este desechado - esto lo hace Jesús a pesar de las críticas, los cuestionamientos y las falsas acusaciones de la gente. 

La luz llegó a la casa de Zaqueo. El amor, la aceptación y el perdón sincero nunca vivido caen sobre él como un balde de agua refrescante. Este baño de amor hace en Zaqueo lo que ninguna ley ni los reclamos ni las patadas pudieron hacer - el ordena su vida radicalmente.

En fiel cumplimiento a Su Misión, Jesús se metió en la casa del perdido, y del cual todos guardaban distanciamiento social, para traer salvación (Lc.19:10).

SEÑOR, tu me llamas a seguir tus pisadas. Ayúdame a ver la gente como tu la ves. Ayúdame a no ser un impedimento en el camino para los que te buscan. Ayúdame a amar como tu amas. Ayúdame a ser alguien quien siguiendo el camino de la cruz le da una mano a aquellos que lo requieren y a llevar el mensaje de la vida a los Zaqueos de hoy día.


domingo, 6 de septiembre de 2020

Si no fuera por Jesús, Judas no estaría en el cuadro


Si no fuera por Jesús, entonces Judas, quien lo iba a traicionar, no debería estar en este cuadro, mucho menos recibir el primer bocado. Pero siendo sinceros, tampoco Pedro quien lo iba a negar, ni los discípulos que se creían merecedores de los mejores puestos al lado de Jesús, ni aquellos discípulos que querían pedir que cayera fuego del cielo deberían estar en este cuadro. En realidad, ninguno de los discípulos debería estar sentado aquí - nosotros tampoco. El único que puede estar sentado allí es Jesús.

Si no fuera por la cruz, Jesús estaría solo sentado allí. El camino a la cruz es el camino que ofrece perdón, aunque me hieran una y otra vez; ama a quien no lo merece; hace el bien aunque me hayan hecho mal; da una nueva oportunidad aunque tenga que esperar; lava los pies del otro aunque este me patee; se interesa por los demás aunque mis intereses tengan que esperar; renuncia a sus privilegios por servir humildemente. Jesús siguió ese camino y por eso estoy en el cuadro de mi Señor - "GRACIAS JESÚS". Hoy Jesús no está solo (Jn.12:24 / Hebr.2:9-10). 

Admito: No es fácil seguir el camino de la cruz. Sin embargo, el apóstol Pablo nos llama a tener la misma actitud que hubo en Cristo (Filp.2:5). Cristo nos llama a tomar la cruz y a seguirlo. El camino de la cruz es el camino de la vida, de la paz, de la esperanza, de la verdadera comunión (Mr.8:34-38). "SEÑOR, ayúdame a seguir el camino de la cruz".

(la foto la tomé en Turquía - un tapete tejido a mano - réplica de un cuadro de Da Vinci)

viernes, 5 de junio de 2020

en tiempos del Covid - descubriendo por lo que vale la pena preocuparse

"Pero el Señor le dijo: —Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará" (Lc.10:41-42) NTV.

"¿Por qué te desesperas, alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarlo otra vez por la salvación de Su presencia" (Sal.42:5) NBLA.

La pandemia del Covid-19 nos sorprendió y de un día para otro nos quitó muchas cosas que de una u otra manera nos daban cierta estabilidad, seguridad y un cierto ritmo de vida. Una iglesia templo-céntrica y pastor-céntrica fue reemplazada por púlpitos virtuales, conferencias virtuales y conexiones virtuales de todo tipo. Nuestra sala u oficina en casa se convirtieron en nuestro estudio de grabación. El Internet se tornó en nuestro mejor aliado. Nuestras agendas experimentaron unos cambios impresionantes. El miedo y lo incierto nos acompañan a diario. Nuestro vocabulario ha experimentado un incremento de expresiones que no usábamos o no conocíamos. Aquí les comparto algunas de esas expresiones: “Distanciamiento social”, “aplanar la curva”, “la nueva normalidad”, “nada será igual”, etc.


Algunos pensábamos que esta pandemia sería de corto plazo y que rápidamente volveríamos a nuestros planes. Lo cierto es que esta situación se ha prolongado más de lo que nos imaginábamos. Nuestras oraciones apuntaban a que esto iba a desaparecer pronto, pero no ha sido así. Aun hay mucha incertidumbre acerca de cuándo podremos retomar el ritmo que nos dé cierta estabilidad y experimentar el alivio de presiones cuyos efectos no conocíamos.


Tengo la impresión de que hemos estado reaccionando a las circunstancias y no nos hemos ocupado lo suficiente en descubrir lo que este tiempo fuera de serie nos puede enseñar y ofrecer. Aunque externamente estamos aislados y de alguna manera estacionados, internamente no hemos hallado la necesaria quietud para descubrir aquello que nos pueda dar un rumbo más equilibrado y enfocado, tanto personalmente como en el ministerio. Parecemos como los caballos bríos y ansiosos de ser soltados para empezar la carrera - o seguir en ella.


Entiendo que la lucha por reconquistar la seguridad y la estabilidad emocional, y aun la seguridad física, nos lleva a una inquietud, a una carrera que no entendemos completamente, a un presionar para que todo vuelva a la “tal” normalidad, que ahora llamamos la nueva normalidad. En realidad, pensamos saber cómo será esa nueva normalidad, cuando en el fondo, no tenemos las respuestas correctas. En esa pelea queremos resucitar cosas que en los tiempos de la pandemia no solo desaparecieron, sino que se revelaron como poco importantes. Esto es verdad en lo personal como también en lo que respecta a cómo hacer iglesia.


Temo que no hemos aprovechado el tiempo para tranquilizarnos y reflexionar. Temo que no nos hemos aquietado lo suficiente para escuchar la voz de Dios y hacer un examen profundo de nuestros verdaderos intereses, prioridades, valores. Nos parecemos mucho más a Marta que a María en la historia que leemos en Lc.10:38-42. Andamos muy ocupados y ansiosos, y corremos el peligro de dejar pasar la oportunidad de descubrir lo que Dios desea hacer y el cómo lo quiere hacer - todo porque queremos regresar a lo conocido, a la tal acostumbrada estabilidad.


Sugiero que nos tomemos el tiempo necesario, que nos aquietemos y que hagamos un examen profundo (especialmente como líderes y pastores) para reflexionar acerca de las siguientes cosas:


[1] ¿Cuáles son las cosas, los programas y las dinámicas que nos quitó la pandemia y que ahora notamos que no eran cosas tan importantes o tan valiosas como creíamos? ¿De verdad quiero resucitar aquello? ¿Cuáles son las cosas que debemos, de una vez por todas, dejar atrás?


[2] Cuáles son aquellas cosas que estos tiempos revelaron como imprescindibles, de gran valor, como prioridades no negociables? ¿Cuánta atención voy a darle a esos asuntos ahora y después de la pandemia?


[3] ¿Qué ha estado hablando Dios a mi vida y a la iglesia acerca de ajustes necesarios? ¿Soy lo suficientemente sensible a la voz de Dios para entender la dirección que Él quiere dar a mi vida, mi familia y mi ministerio? ¿Y qué de la flexibilidad? ¿Seguiré sugiriéndole a Dios lo que debe hacer? ¿Cómo suenan mis oraciones?


[4] ¿Será este el tiempo en el que necesitamos un nuevo encuentro con Dios, escuchar el latido de su corazón y entonces comenzar a movernos en la dirección que Él determina? ¿Será este el momento de dejar a un lado nuestras impresiones y opiniones y más bien escuchar de una manera fresca la voz de Dios para este tiempo?


[5] ¿Será este el tiempo para trabajar en equipo y juntos descubrir la dirección de Dios, en vez de seguir el camino del llanero solitario, del “sabelotodo”, del líder autocrático?


[6] ¿Deberemos recordar la misión de Dios y descubrir juntos nuevos caminos para una mayor efectividad en el cumplimiento de la misma?


[7] ¿Qué, si como iglesia, consideramos hacer lo que creemos que Dios quiere que hagamos, pero sin dinero? ¿Será que esta forma de pensar nos ayudará a ser más creativos y a encontrar maneras de hacer iglesia diferente y más efectivamente?


DESCUBRA POR LO QUE VALE LA PENA PREOCUPARSE

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