jueves, 18 de septiembre de 2025

Cómo ser un evangelista fiel según las Escrituras

Siguiendo el estudio y la reflexión sobre el ministerio quíntuple, ahora ponemos la mirada en el ministerio del evangelista. Este es otro de los dones que el Señor Jesús dio a su iglesia: “Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros,...” (Efesios 4:11, NBLA). Aunque el llamado a compartir el evangelio es universal para todos los creyentes (1 Pedro 2:9; Colosenses 4:5-6; Hechos 1:8; Mateo 28:18-20; Romanos 10:14-15), algunos son apartados de manera especial para este ministerio, como lo fue Felipe, llamado 'el evangelista' (Hechos 21:8). Pablo exhortó a Timoteo: “..., haz el trabajo de un evangelista, ...” (2 Timoteo 4:5, NBLA).

El corazón del evangelista
Un evangelista es, literalmente, un portador de buenas noticias (euagelistes) (VINE W. E., 1999). Su pasión es proclamar a Cristo, tanto a multitudes como a individuos. Va donde Dios abre puertas; es un ministerio de 'caminante', como lo vemos en Felipe (Hechos 8:40). Felipe anunciaba a la gente las buenas nuevas acerca de Jesús el Mesías (Hechos 8:4-5, 35). En su ministerio, muchos se convertían y eran bautizados (Hechos 8:6, 12). Señales milagrosas, liberaciones y manifestaciones de poder acompañaban su predicación (Hechos 8:6-8). Predicaba en ciudades ante multitudes, pero también estaba dispuesto a llevar el mensaje a una sola persona, como al etíope que buscaba a Dios (Hechos 8:26-38). El evangelista se distingue por su pasión por las almas; no hace diferencia entre uno o muchos. Su gozo está en que alguien conozca a Jesucristo, el Salvador (Lucas 15:7; Hechos 11:18; 15:3).

Jesús: el evangelista ejemplar
Jesús es el evangelista perfecto, nuestro modelo a seguir. Tuvo compasión por las multitudes que “estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36-38, NBLA). Buscó a los perdidos (Lucas 15; 19:10) y Su ministerio estuvo acompañado del poder de Dios (Juan 10:37-38). Además, formó pescadores de hombres para enviarlos y continuar Su misión -un aspecto importante en el ministerio del evangelista (Mateo 4:19; 28:18-20; Juan 20:21). Según el ejemplo de Jesús, el evangelista ora, proclama y anima a otros a involucrarse en la cosecha.

El mensaje del evangelista
El evangelista es llamado a predicar a Cristo crucificado y resucitado, la única esperanza de salvación (1 Corintios 1:23). Su meta no son los aplausos ni ver su foto en las pancartas, tampoco los "me gusta" en las redes sociales, sino que las personas se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:18-20). Hoy más que nunca, la iglesia necesita redescubrir este corazón evangelístico. En un mundo quebrantado, Jesús sigue levantando hombres y mujeres con pasión por las almas. Dios desea que todos lleguen al conocimiento de la verdad y sean salvos (1 Timoteo 2:1-4). Pablo reflejó este sentir al exclamar: “¡ay de mí si no predico el evangelio!” (1 Corintios 9:16, NBLA).

Un llamado para hoy
El llamado es claro: ver a las multitudes con los ojos de Dios, amar como Él ama y ser instrumentos para llevar a muchos a los pies de Cristo (Mateo 9:37-38; Hechos 1:8; 1 Timoteo 2:1-4). Dios quiere ver el cielo lleno de gente de toda nación, tribu y lengua adorando al Rey de reyes (Apocalipsis 7:9-10).
¡Manos a la obra!

Reflexión:
¿Estoy aprovechando cada oportunidad en mi diario vivir para compartir las buenas noticias de Jesús?
¿Qué pasos prácticos puedo dar esta semana para cumplir mi parte en la gran cosecha?

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tú eres la Buena Noticia. Dame un corazón compasivo por los perdidos, y pon en mí la pasión del evangelista. Ayúdame a ser fiel en proclamar Tu nombre, ya sea ante multitudes o en una conversación personal. Amén.

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